Imagina un albañil construyendo la fachada de una iglesia, y cuando la tiene terminada, llega el arquitecto y dice que no le gusta, que hay que tirarla y levantarla otra vez.
A cómicos y guionistas nos pasa lo mismo. Quebraderos de cabeza para crear texto en condiciones, y cuando llega la hora de la verdad, al público no le gusta, no se ríe, y tienes que volver a empezar.
Esto ocurre bastante a menudo. Puede que no con toooodo el texto, pero sí con chistes sueltos, puntuales, que hay que mejorar. O cambiar directamente.
Y aquí es donde empiezan los problemas. Hay cómicos, sobre todo a los noveles, a los que les cuesta mucho deshacerse de eso. Se aferran con uñas y dientes a chistes que no funcionan porque “a mí me gusta”, o “es que no entienden mi humor”. Tío, reconócelo: el chiste es malo. Eso ni siquiera es humor. No te engañes a ti mismo.
Hay gente que cree que el monólogo es improvisado. Otros que saben que no, que está preparado, pero piensan que se escribe en un rato y que los mejores cómicos escriben todos sus grandes chistes a la primera. Error. Son los mejores cómicos precisamente por todo lo contrario, por desechar todo el material que no obtiene el resultado deseado, sustituyéndolo por otro que sí lo obtiene. Se escribe mucho, y se tira mucho. Cuanto más escribas, más material desecharás. Y te quedas sólo con lo mejor de lo mejor.
Imagina ahora al albañil de antes, que, tras terminar la fachada, llega el arquitecto y le encanta, llega el obispo y flipa, llegan los fieles y quedan anonadados. Perfecto, buen trabajo. Ahora tírala que hay que hacer otra nueva para mañana.
Eso es lo que les ocurre a los guionistas de programas de televisión. Crean chistes buenísimos, pero sólo sirven para una vez, una vez emitido ya no se puede reutilizar, cocinan un plato exquisito que, una vez comido, ya lo puedes cagar.
Los cómicos de Stand-Up tenemos la ventaja de que, como nuestra audiencia se renueva, los chistes siempre resultan nuevos, y se le puede sacar más pringue a esas neuronas sacrificadas.
Ahora bien, cómicos mediocres: si los guionistas pueden tirar a la basura chistes buenos, vosotros podéis hacer el esfuerzo de tirar los malos, que no pasa nada, no se va a morir nadie. Mas bien al contrario, si no lo hacéis podríais morir vosotros si dais con un público poco tolerante. Así que hacedme el favor, o hacéoslo vosotros mismos: si queréis dejar de ser cómicos mediocres, tirad esos chistes a la basura, y crear otros mejores. Algún día me lo agradeceréis.
Y a ver si me aplico yo mismo el cuento…
(by Antonio Castejo)

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