sábado, 30 de mayo de 2015

Tensión sexual no resuelta

-¡No me gustan las comedias románticas!
A mí tampoco, pero las relaciones personales están presentes en todas las historias, sea cual sea el género. Haced la prueba, ved cualquier película de terror, o bélica, o de lo que sea pero que no tenga nada que ver con el amor, y podréis comprobar que al protagonista siempre le gusta una chica, pero que no puede ligársela porque es la novia del tío chungo, su padre es muy estricto, está muerta…
Siempre. Del mismo modo que no sólo en las películas porno hay sexo explícito, el amor imposible que al final resulta que no lo es tanto está igualmente en todas partes. A la gente le gusta. Aunque digan que no, todo el mundo quiere que cojan al asesino, y que se zumbe a la chica… Y si al final no lo consigue, notan que falta algo. Que al detective finalmente se le escapa asesino, no pasa nada. Al menos ha ligado.
Aprovechemos eso. Usémoslo. ¿Por qué no? ¿Por qué resistirse? Resulta ser un gancho muy potente, una fuente de conflictos inagotable, da interés y profundidad a la historia, y al personaje.
Y realismo. La vida misma se basa en eso, en conseguir encontrar a alguien con quien pasar la vida o una noche. No hace falta salir explícitamente a ligar. Estás al acecho en el trabajo, en el gimnasio, cuando sacas a pasear al perro e incluso cuando estás follando con otra persona. No desaprovechamos una.
Pues en las historias tampoco.
Tú quieres escribir comedia. Lo sé. Pura y dura. Lo sé. Nada de romántica. Que te he dicho que lo sé.
Una comedia romántica centra la historia en el amor, en una relación de pareja tormentosa, y sobre ella ocurren los chistes o situaciones graciosas. Bien. Pues escribe una comedia sobre cualquier otra cosa. El centro de la historia, el eje, la columna vertebral puede ser lo que quieras. Básala en lo que te de la gana. Se han hecho sobre perros. Se han hecho sobre coches. Se han hecho sobre guerras, polis y chapuzas. Pero eso no quita que aparezca una chica o un chico por ahí, porque el guión lo requiere, y que salten chispas. Que no se centre sobre eso, sobre la historia de amor, pero que se maneje como trama secundaria. Está ahí, y mantiene el interés del espectador.
Por ejemplo, The Big Bang Theory trata de la vida de unos frikis cerebritos, y ahí está el ahora sí, ahora no, de Leonard y Penny. Aída es el día a día de los habitantes de un barrio marginal, y ahí están Paz y el Luisma. Friends, unos amigos como otros cualesquiera, con sus líos sentimentales que vienen y van. Y así con todas: El deseo de un perro que habla hacia una mujer en Padre de Familia, el de un pez en Padre Made In USA… Si hasta la biblia, texto cómico donde los haya, deja entrever un amor no aceptado entre un semidios y una prostituta.
Eso sí, el quid está en el “no resuelta”. Si se van a liar en la primera escena, para eso no la pongas.

miércoles, 27 de mayo de 2015

AnclaDos

Dicen que es la sucesora de Aída, aunque yo creo que se parece más a Aquí No Hay Quien Viva, una serie que, echando mano de todos mis estudios y conocimientos sobre comedia, y con todo el rigor científico y lingüístico que estos me otorgan, he clasificado como Comedia De Gritos.
Aquí no hay quien viva es el único espacio televisivo donde la publicidad no suena más alto.
Han fichado a la actriz del momento que mejor grita, Miren Ibarguren, digna sucesora de Carmen Machi, ambas con unas venas en el cuello como trompas de elefante. Ojo, que me parecen grandes profesionales, otra cosa es que crea que se es más gracioso cuanto más se grita, y no.
Siempre digo que las series realmente empiezan en el segundo capítulo, que el primero se utiliza para mostrar el detonante y presentar los personajes. El primer capítulo de Allí Abajo no me gustó, y ahora estoy enganchado. Por eso siempre digo que no podemos fiarnos de las primeras impresiones y que hay que dar siempre una segunda oportunidad.
Por ejemplo, los personajes. Son todos muy planos, sin ápice de profundidad, pero también hay que decir que la profundidad se ve con el tiempo, por lo que necesitamos más capítulos para descubrirla. En el primero vemos como, a cada uno a su manera, su mundo se desmorona, la vida tal como la tienen encarrilada gira radicalmente, y deben luchar para volver a encauzarla, lo que se conoce como objetivo consciente. La profundidad, sin embargo, la marca en objetivo inconsciente, y durante los conflictos futuros entre personajes, deberían verse conflictos internos al enfrentarse entre sí el objetivo consciente con el inconsciente. Por ejemplo, al ser el anterior director del crucero hermano de la actual directora, se puede intuir que en algún momento, tras las putadas que le hace para conseguir recuperar el mando, sentirá culpabilidad o remordimientos porque a quien putea es a su propia hermana y en el fondo la quiere. También se pueden ver venir los conflictos entre el segurata racista y el gitano, a los que se les obliga a compartir habitación, intuyendo que al final, a pesar de ser gitano, le va a caer bien. Lo mismo qué pasaba con Mauricio Colmenero y Machu Pichu.
Pues al final sí que se va a parecer a Aída, sí.
Luego está ya el poco sentido del humor de la gente. Hubo un par de momentos en que la audiencia hechó chispas en Twitter. Uno, cuando el chino pro Cataluña llama a los valencianos catalanes del Sur. Algunos valencianos pusieron el grito en el cielo, oh Dios mío, y que sólo por eso ya no iban a ver la serie ya nunca más, jamás de los jamases. Algo parecido ocurrió con un chiste racista del segurata.
Hay quien se toma las cosas muy a pecho. Habría que explicarles lo que es la perspectiva cómica. A ver, niños, si creas un personaje que es pro Cataluña, todo lo que diga debe ser pro Cataluña. Si creas un personaje que es racista, ese personaje no puede decir nunca que los gitanos son bellísimas personas. Con Mauricio Colmenero no os quejabais tanto. ¿Por qué? La situación es la misma. Para crear una perspectiva cómica debes dotar a tus personajes de defectos, y luego exagerarlos. Repito: defectos. No podéis esperar que sean todos políticamente correctos, porque entonces no habría conflictos ni habría nada.
Esto es lo necesario para hacer reír, otra cosa es que se haga bien.
En resumen, la serie no me gustó. En todo el capítulo sólo me reí tres veces, dos con Joaquin Reyes y una con Miren Ibarguren (que además fue en el único momento de la serie en que no gritaba).
Pero también hay que entender que la serie se emite en Telecinco, que todos sabemos en qué basan su programación, por lo que si la han hecho pensando sólo en agradar a su audiencia fiel, han hecho un trabajo magnifico.

sábado, 23 de mayo de 2015

Chistes a la basura

Imagina un albañil construyendo la fachada de una iglesia, y cuando la tiene terminada, llega el arquitecto y dice que no le gusta, que hay que tirarla y levantarla otra vez.
A cómicos y guionistas nos pasa lo mismo. Quebraderos de cabeza para crear texto en condiciones, y cuando llega la hora de la verdad, al público no le gusta, no se ríe, y tienes que volver a empezar.
Esto ocurre bastante a menudo. Puede que no con toooodo el texto, pero sí con chistes sueltos, puntuales, que hay que mejorar. O cambiar directamente.
Y aquí es donde empiezan los problemas. Hay cómicos, sobre todo a los noveles, a los que les cuesta mucho deshacerse de eso. Se aferran con uñas y dientes a chistes que no funcionan porque “a mí me gusta”, o “es que no entienden mi humor”. Tío, reconócelo: el chiste es malo. Eso ni siquiera es humor. No te engañes a ti mismo.
Hay gente que cree que el monólogo es improvisado. Otros que saben que no, que está preparado, pero piensan que se escribe en un rato y que los mejores cómicos escriben todos sus grandes chistes a la primera. Error. Son los mejores cómicos precisamente por todo lo contrario, por desechar todo el material que no obtiene el resultado deseado, sustituyéndolo por otro que sí lo obtiene. Se escribe mucho, y se tira mucho. Cuanto más escribas, más material desecharás. Y te quedas sólo con lo mejor de lo mejor.
Imagina ahora al albañil de antes, que, tras terminar la fachada, llega el arquitecto y le encanta, llega el obispo y flipa, llegan los fieles y quedan anonadados. Perfecto, buen trabajo. Ahora tírala que hay que hacer otra nueva para mañana.
Eso es lo que les ocurre a los guionistas de programas de televisión. Crean chistes buenísimos, pero sólo sirven para una vez, una vez emitido ya no se puede reutilizar, cocinan un plato exquisito que, una vez comido, ya lo puedes cagar.
Los cómicos de Stand-Up tenemos la ventaja de que, como nuestra audiencia se renueva, los chistes siempre resultan nuevos, y se le puede sacar más pringue a esas neuronas sacrificadas.
Ahora bien, cómicos mediocres: si los guionistas pueden tirar a la basura chistes buenos, vosotros podéis hacer el esfuerzo de tirar los malos, que no pasa nada, no se va a morir nadie. Mas bien al contrario, si no lo hacéis podríais morir vosotros si dais con un público poco tolerante. Así que hacedme el favor, o hacéoslo vosotros mismos: si queréis dejar de ser cómicos mediocres, tirad esos chistes a la basura, y crear otros mejores. Algún día me lo agradeceréis.
Y a ver si me aplico yo mismo el cuento…

miércoles, 20 de mayo de 2015

¿Sentido del humor?

frase copia
Hace unos días, en el programa El Intermedio, de La Sexta, Dani Mateo recurrió a los tópicos de la ruta del bacalao para hacer un chiste sobre la corrupción del PP valenciano, generalizando con que todos los valencianos son como Chimo Bayo, Rafa Mora o John Cobra.
Y como desgraciadamente ya nos esperábamos, las reacciones no han tardado en llegar, hasta el punto de que incluso hay gente ofendida que ha pagado anuncios de Facebook, gastando dinero de su propio bolsillo, para difundir el denigrante acto y criminalizarlo.
Acabáramos.
Que todos los valencianos no somos así, hay que denunciarlo, merece un castigo ejemplar para que no se vuelva a repetir, y se autoproclama humorista, exijo una compensación, te reto a un duelo a muerte al amanecer tras el convento de los carmelitas.
Hay que ser muy gilipollas. Y no lo digo por los valencianos. Este caso concreto es sólo un ejemplo, uno de tantos, de la falta de sentido del humor de este país. Claro que no todos los valencianos son así. Ni todos los catalanes son tacaños, ni todos los madrileños chulos, ni todos los vascos etarras. Soy murciano, y si tuviese que ofenderme por cada chiste gratuito que se hace sobre nosotros, estaría encabronado todo el día. Lo que pasa es que nos gusta mucho contar chistes de otros, ridiculizarlos, pero cuando nos toca a nosotros ya no nos hace tanta gracia. Que ninguno entendemos por qué se ofenden algunos musulmanes por las caricaturas de Mahoma, qué poco sentido del humor, pero a mí no me compares con John Cobra, que te desintegro la cara, nano. Sentido del humor no es saber contar chistes o gastar bromas. Sentido del humor es no sentirse ofendido cuando te toca a ti ser la víctima.
Por suerte no todo el mundo es así de imbécil. En dicho anuncio había muchos comentarios de valencianos que no se sentían ofendidos y que se habían reído con la sección de Dani Mateo. Ole ahí. ¿Que pasaría si los leperos denunciaran a todo aquel que contara chistes de Lepe? Muy al contrario, ellos mismos lo fomentan y lo celebran, una lección de sentido del humor en toda regla.
Por cierto, humor, parodia y caricatura están exentos en delitos de calumnias e injurias, así que suerte con la demanda.

sábado, 16 de mayo de 2015

Improvisación cómica

Me gustan mucho los juegos de improvisación. Me encantan. Me descojono y me despollo. Mucho. Pero cuando están bien hechos.
Hay gente que cree que la impro es sólo eso, llegar y ponerse a hacer el tonto. No es así. No es tan sencillo. Es un espectáculo elaborado y complicado, que tiene sus normas, sus reglas, y hay que respetarlas para el buen funcionamiento del mismo.
-Bah, entonces no estás improvisando…
¿Cómo que no? Sí que estás improvisando. No hay guión, te lo estás inventando sobre la marcha, y lo estás haciendo buscando que sea lo más hilarante posible.
La comedia tienes sus herramientas. Ladrillos que hacen que según se usen o no, los chistes sean mejores o peores. Esas herramientas son las mismas para las sit-com, los monólogos, los chistes populares… y por supuesto, la impro.
¿Cuántas veces has ido a hacer la comida y apenas te quedaba nada? Tienes que inventar, tienes que im-pro-vi-sar, tienes que hacer algo con lo que te queda en el frigorífico. Pero improvisar no significa cogerlo todo tal cual esté y echarlo en la sartén. Sabes que la cebolla hay que pelarla. Sabes que el hueso no se come. Sabes que el microondas hay que enchufarlo.
Pues con la improvisación cómica pasa lo mismo. Te dan unos ingredientes, y tienes que construir una historia, y de tu buen hacer depende que el público se mee o se aburra.
Hay muchas cosas a tener en cuenta. Por ejemplo, no hay que olvidar nada. Si en algún momento de tu historia tu personaje, por lo que sea, no puede pronunciar la “E”, no puedes empezar hablando sin E’s y que luego se te olvide y volver a hablar normal.
Es de sentido común, pero cuando te metes en harina y cada vez te añaden más normas, hay que estar muy despierto para que no se te olvide ninguna. Al público que te está viendo no se le olvida nada.
Como tampoco hay que negar nada. Imagina que tu compañero, el público, o quien sea, establece una regla que dice que tienes que andar a gatas, pero a ti no te apetece y dices que no. Pues frenas el avance de la historia. Hay un parón, un corte, un cambio de sentido que no viene a cuento y que desorienta al público y a tus compañeros de impro, si los hubiere, destrozando una historia que iba bien encaminada.
Tampoco intentes hacerte el graciosillo. Meter chistes con calzador. Eso tampoco hace gracia porque no viene a cuento. El humor en la impro surge de las situaciones que se plantean, no de los chistes puros y duros que se te ocurran sobre la marcha o que rescates de la memoria. Me pasó a mí y lo pagué caro en mis inicios improvisadores. No me volverá a pasar. Lo juro. Dedícate a seguir la historia, que evolucione, que llegue a alguna parte, y la risa viene sola, sin meter chistes.
Éstas son tres de ellas, pero hay más. Es un mundo complejo, y requiere entrenamiento. Puedes aprender la teoría, pero no te servirá de nada si no te pones una y otra vez, una y otra vez, y otra vez, y otra más, y así hasta el infinito, a practicar y practicar.

sábado, 9 de mayo de 2015

Hablemos de cachés

Un tema complicado, éste. Peliagudo. Espinoso. Complejo e inextricable. Word ya no me da más sinónimos. Hay muchas desavenencias entre nosotros por esta cuestión.
¿Cuánto debe cobrar un cómico? ¿Cuánto nos merecemos cada uno por hacer nuestro trabajo?
Se han intentado establecer parámetros. Que si los años de experiencia, que si has grabado en televisión, que si soy buenísimo aunque nadie me conozca, etc. A cada parámetro, se asociaba una cantidad. Pero he dicho “intentado”. Luego cada uno cobra lo que le sale del nacle porque “a mí nadie me dice lo que tengo que cobrar”, fin de la cita.
¿Qué se consigue con esto? Que nos traten como a putas. Que cada uno cobre una cosa, que no haya acuerdo, que no quede claro cuánto cuesta un espectáculo de este tipo, dando lugar a mamoneos por parte de dueños de locales y programadores regateando precios, que si TalCómico cobra menos, que si OtroCómico hace más tiempo por el mismo dinero, que si vente de gratis y así te promocionas. Y a mamoneos por parte de algunos cómicos, que aquí nadie se libra, desprestigiando a otros cómicos y a la profesión tirando el precio y regalando una mamada.
Que tampoco lo critico, ojo. Están en su derecho. Libre comercio y esas cosas. Oferta demanda, y aquí cada cual se busca las castañas como puede, que cada palo aguante su vela, que cada perrico se lama su pijico. Que así nos puteamos entre nosotros, pues también, pero allá cada uno. Luego no vengas pidiendo favores, que si tienes algo por tu zona porque se me ha quedado una fecha suelta, que si puedo dormir en tu casa, que si me dejas a tu novia un rato.
-Pero no te desvíes. ¿Cuánto debemos cobrar?
Pues, volviendo a mis parcos conocimientos de economía, menos de lo que generamos con nuestro trabajo. Es la base de todo sistema económico. Si cobramos más de lo que generamos, estamos haciéndole perder dinero a alguien. Si cada vez que alguien nos llama le hacemos perder dinero, ese alguien dejará de llamarnos, y buscará otros alguienes más rentables.
Que no baratos, cuidado. Rentables. Tú puedes cobrar 100 euros y que sólo vaya a verte tu abuela, o cobrar 2000 y llenar un auditorio a 10 euros la entrada.
-Vale, ¿y cómo calculo eso?
Pues, chic@, tú mism@. Tú sabrás la gente que va a verte cada vez que actúas, el público que arrastras, tu grado de fama.
He dicho fama. No calidad. “Pero es que mi monólogo es mejor que el de ese que sale por la tele”. Puede, pero cada vez que actúas no van a verte ni los camareros, y ese que sale en la tele tiene a todas las niñas de 15 años enamoradas y van todas en manada a ver si se lo calzan.
Pero una vez que calcules tu caché, no creas que eso es lo que vas a cobrar siempre. Te puede subir o te puede bajar, según las cosas que hagas o dejes de hacer para que tu fama aumente o disminuya. De ti depende.
Que mucho jijijajá, pero no olvidemos que esto es un negocio, como vender ropa, líneas de teléfono o consoladores, y como tal se debe gestionar.
-¿Y cómo hago para aumentar mi fama?
Eso ya es otro post…

sábado, 2 de mayo de 2015

Inspiración


A todos nos ha pasado alguna vez que queremos escribir algo, lo que sea, y nos pasamos horas sin poner ni una sola letra.
El problema reside ahí, en el “lo que sea”. Cuando no tienes ninguna limitación, nada que te restrinja, todo el universo a tu disposición, no encuentras dónde ubicarte.
Sin embargo, dame algo, un tema, una frase, en definitiva, algo con lo que empezar y la imaginación fluye tan rápido que no tienes tiempo de escribirlo todo.
A priori pensarás que debería ser al revés, que tienes mucha más libertad si no te dan indicaciones, pero empezar desde cero siempre es más complicado que si tienes un punto de partida. De la misma forma que un río siempre sigue su cauce, una historia se escribe sola si tienes una línea que seguir. Has leído bien. Se escribe sola. So-la .¿Recuerdas el post sobre la creación de personajes? Si tu personaje no tiene ninguna limitación, cuando llegue a un cruce tendrás que pararte a pensar si gira a la derecha o a la izquierda. Pero si tu personaje tiene un defecto que cuando camina sólo puede girar a la derecha, pues sólo puede girar a la derecha. No hay opciones. Se escribe sola. Cuantas más limitaciones, menos problemas.
Ponte obstáculos antes de empezar. Prohíbete cosas. Háztelo difícil y, paradójicamente, todo será más fácil.
Que no lo digo yo, lo dice el gurú del guión Robert Mckee, y lo viví en mis propias carnes estudiando improvisación cómica con el gran Carlos Ramos.