sábado, 25 de abril de 2015

Motivos religiosos

La mayoría de los cómicos suele evitar tocar los temas de religión o política. El motivo: no dejar claro en qué lado de la barrera estás, ya que te cierras las puertas de la otra parte.
Esto es así. Puedes hacer humor blanco, verde o negro, hacer chistes sobre tu madre, coches o desastres naturales, pero con la política o la religión, la gente, no entiendo el por qué, está especialmente sensibilizada y no acepta que son bromas, chistes, que no hace falta matar a nadie. Si haces chistes sobre la derecha, los de izquierdas se partirán la caja, pero los de derechas te echarán a los perros. Y viceversa.
Yo puedo sacar a alguien del público y ridiculizarlo delante del resto de la concurrencia, que no pasa nada, todos tenemos sentido del humor y sabemos reírnos de nosotros mismos, pero haces un chiste sobre Jesús y ese sentido del humor se volatiliza y la gente empieza a insultarte. Ha pasado.
Como también ha pasado que te gusta un artista (músico, actor, futbolista) hasta que un día descubres sus creencias o ideologías, y ya deja de gustarte. Así, de repente, como si por el hecho de saberlo hubiese cambiado la composición de sus canciones, sus cualidades interpretativas, o la forma de pegarle al balón.
Esto es así de triste. La gente se lo toma más a pecho que si lo insultaras a él directamente. Pues nada. Se evita el tema y ya está. Hablemos de otra cosa. ¿Las borracheras tal vez? Luego esa misma gente es la que se queja de que “siempre hablamos de lo mismo”.
Yo también tengo mis propias creencias y mi propia ideología. No os la cuento porque si lo hago luego vosotros me contáis la vuestra y, sinceramente, paso. Todos callados y todos felices. Sin embargo, hay algo que no logro entender. No es una crítica, no voy a faltarle el respeto a la sensibilidad de nadie, es una duda que tengo, expongo, y que me gustaría que me resolvierais:
Se supone que la religión católica es monoteísta. Pero luego se venera a cualquier trozo de madera o cartónpiedra que tenga una forma que se le parezca. En semana santa, cualquier pueblo pequeño tiene 20 pasos con 20 cristos distintos y van tras ellos como si fuese el mismo Mesías.
Creen que cualquier cuadro, cualquier crucifijo o cualquier estampita te va a proteger como si de Dios se tratase. ¿Pero es que no os dais cuenta que es algo hecho por hombres, qué no hay nada celestial ahí?
-No, pero es que, la mano del escultor y el amor a Dios al hacerlo lo hace único y divino.
Pues a mí, como no venga el mismísimo Papa a bendecirlo hasta que cobre vida, no deja de ser un trozo de madera. Tallada, pero madera.
¿Y si el escultor a quien le has hecho el encargo no es creyente? ¿Sigue siendo divino el Cristo? ¿Y si sólo acepta el encargo movido únicamente por el dinero, obra del demonio? ¿Y si mientras le da al cincel va cantando salmos satánicos? ¿Y si debajo del trapo que le tapa sus partes ha esculpido un pene diminuto?
Igual que la Biblia. Señoras con el libro bajo el brazo como si fuese capaz de crear un campo de fuerza a su alrededor, cuando son obra de editoriales e imprentas movidas por intereses económicos, cuyos trabajadores no entran en una iglesia ni en las bodas.
Rezad lo que queráis, pero no beséis los pies del cristo de la iglesia, que ha sido babeado por medio pueblo y os podéis contagiar algo.
Amén.

sábado, 18 de abril de 2015

Profundidad en los personajes

En el último post expliqué cómo crear un personaje cómico, como dotarlo de una perspectiva, un prisma a través del cual ve el mundo. Y aunque en teoría mi labor acaba ahí, en la parte cómica, el personaje no está completo y la conciencia no me permite dejaros por ahí sueltos creando personajes inconclusos.
Resumiendo, para que sea cómico hay que dotar al personaje de uno o más defectos y exagerarlos hasta que sea insoportable. Y uno de los ejemplos que puse fue Sheldon Cooper de The Big Bang Theory.
Este personaje tiene tantos defectos y tan marcados, que si conociésemos a alguien así en la vida real no lo soportaríamos, como le ocurre al resto del reparto. Sin embargo, a nosotros, los espectadores, nos cae bien. ¿Por qué?
Pues porque a pesar de sus manías, su egolatría y sus demás “ías”, es humano (aunque sus amigos lo pongan en duda). Nos identificamos con él. Ahí está el quid. Podemos crear cualquier tipo de personaje, no tienen ni que ser personas (veasé Babe el Cerdito Valiente, Transformers, Toy Story), pero para que el personaje nos llegue, nos haga ponernos en su lugar, para que nos identifiquemos con él, hay que darle cierta humanidad. ¿Se puede sentir empatía con una hormiga? Sí, si esa hormiga quiere lo mismo que nosotros.
Lo que estoy diciendo es que los objetivos que debe perseguir ese personaje deben ser los mismos que perseguimos todos, como por ejemplo el amor, mejor trabajo, ganar algo, etc.
Y si aún queréis profundizar más, crearle también un deseo inconsciente. Volviendo al ejemplo del Dr. Cooper, su deseo consciente es conseguir un premio Novel. Sin embargo, su deseo inconsciente es evitar la soledad. Aunque lo niegue, aunque no lo reconozca, aunque los ridiculice, echa de menos a sus amigos cuando no están. Y eso es lo que hace que nos guste tanto, porque puede tener un cerebro privilegiado y unas rarezas insufribles, pero en el fondo persigue lo mismo que cualquiera de nosotros. El capítulo 17 de la cuarta temporada define perfectamente a qué me refiero.

lunes, 13 de abril de 2015

Manu Sánchez

el-ultimo-mono
En principio éste iba a ser un post sobre su nuevo programa El Último Mono que emitieron anoche en La Sexta, pero no deja de ser un Late Night al uso, con su monólogo inicial, su sección de noticias, sus entrevistados y sus colaboradores. Nada nuevo. El mismo formato que popularizó Buenafuente en España, y que posteriormente dejó de hacer porque al público ya no le gustaba tanto.
Que la sección de noticias esté a cargo de El Mundo Today y que uno de los colaboradores sea Juan Luis Cano, de Gomaespuma, son puntos a su favor, pero en cuanto al resto del programa, meh.
Así que paso a hablar de su presentador, Manu Sánchez, que se dio a conocer en el mundo de la comedia en Canal Sur, hace ya unos años, plagiándole el texto a otros reconocidos cómicos del panorama nacional.
Cada vez que se le acusaba de plagio, fervientes masas de fans salían en su defensa aludiendo que él tenía más gracia que los otros cómicos, de modo que “si les plagia, pues que se jodan”. El estilo, decían. El arte y el salero. Y se montaba la de Dios, unos a favor, otros en contra, dándole notoriedad al sujeto, fama, al más puro Efecto Streisand. No hay publicidad mala, y menos en España, donde se premia más la polémica que el talento.
De esto no hay la más mínima referencia en su página de la wikipedia. Ni de las demandas puestas ante su persona.
Por otro lado, hace poco un cómico me dijo que Manu Sánchez había pedido perdón públicamente a las víctimas de sus plagios. No he encontrado documento, ni escrito ni visual, que lo demuestre (no quiere decir que no lo haya), ni tampoco a ningún otro testigo que me lo pudiese confirmar. Sin embargo, ¿es suficiente con pedir perdón? No sé cual sería la pena, pero desde luego no lo es la pena de muerte ni la prisión permanente revisable. Una vez ha pagado por lo que ha hecho, un delincuente tiene derecho a la reinserción. Puede volver a trabajar, puede volver a salir en televisión, tiene derecho a que no se le eche en cara un crimen por el que ya ha pagado. Pero, ¿es este el caso de Manu Sánchez? ¿Ha pagado ya?
Desconozco las resoluciones de las demandas, ni el veredicto ni las penas si las hubiere (aunque supongo que irá en función de los beneficios obtenidos, daños y perjuicios y cosas así), pero en caso de que finalmente no haya pasado nada, aunque haya dejado de plagiar, ¿sigue siendo culpable? ¿Cuando prescribe el delito? Javier Marías escribió sobre la prescipción: “Si usted comete un delito y es lo bastante hábil o listo para escapar de mí (la justicia) durante suficiente tiempo, se verá recompensado y se encontrará con la maravilla de que su crimen ya no lo es, o quizá con algo más loco y milagroso: con que sí lo será pero saldrá usted absuelto”. Si han pasado más de diez años, ya no hay delito, y este sujeto tiene derecho a seguir trabajando como cualquier otro ciudadano.
En cualquier caso, lo mejor sería ignorarle. Hacer cruzadas contra su persona lo único que consigue es que siga estando en el candelabro (plagiando a la Mazagatos). Si de verdad se quiere una cadena perpetua en el mundo de la comedia, habría que dejar de darle bombo. Al fin y al cabo, la televisión es un negocio que funciona con reclamos, y si el sevillano está en boca de todos, es casi una apuesta segura. Dejad de verlo, dejad de hablar de él, y dejará de ser rentable.

sábado, 11 de abril de 2015

Perspectiva cómica

Al crear un personaje, bien sea para una película, novela, colaboración televisiva, monólogo…, se le dota de una personalidad, a veces plana, otras más profunda, que es la que le hace actuar de una manera y no otra ante distintas situaciones. Pensar de una manera determinada. Tienen su propio carácter, su propia ideología, sus propias experiencias. Cuando ponemos a ese personaje en una situación determinada, tiene que reaccionar, hacer o decir algo, y ese algo tiene que ser coherente con su personalidad.
Los escritores/guionistas/cómicos noveles o sin formación suelen cometer un fallo que a priori parece trivial, pero que sucede más de lo que os podáis imaginar: cuando quieren escribir la reacción de su personaje, escriben lo que harían ELLOS, el autor, no el personaje.
Un ejemplo:
En un capítulo de Águila Roja, retan a un duelo a muerte al Marqués de Santillana. Dicho marqués es un cobarde reconocido. Cuando se encuentra contando los diez pasos de rigor, reacciona como se espera que reaccione un cobarde, esto es, desmoronándose y echándose a llorar. Ahora imaginad la reacción si el retado hubiese sido El Comisario. O el propio Águila Roja. Completamente distinta, cada uno según su criterio.
Los guionistas pensaron: ¿cómo reaccionaría ÉL? Ya digo que esto parece obvio, pero hay mucha más gente de la que desearíamos que ni siquiera se han parado a pensarlo. En este ejemplo, si se escribe la escena según qué haría el autor, da igual qué personaje haya sido el retado, porque la reacción siempre sería la misma. Y eso es una castaña.
Esta perspectiva vale para cualquier tipo de personaje, no sólo para los cómicos. Ahora centrémonos en el género que nos interesa:
¿Cómo creamos un personaje cómico? Pues lo dotamos con una característica que lo defina, y luego la exageramos. A partir de ahí, todo lo que diga o haga será filtrado por dicha característica.
Por ejemplo, en la serie Aida, Mauricio Colmenero. Al crear el personaje, se decide que sea facha, racista y machista. Luego se exageran esas acepciones, para que sea MUY facha, MUY racista y MUY machista. En todas las situaciones en las que se ve envuelto, reacciona como se espera que reaccione una persona como él. Todo lo que diga o haga será un menosprecio hacia los que no considera sus iguales. Cree que en Sudamérica no tienen electricidad, que los trabajadores están para explotarlos, y las mujeres para servirle. Una frase que le dice en un capítulo a su camarero sudamericano, es:
-¡Me cago en el jesuita que te enseñó a leer!
Podéis conocer a fachas, racistas y machistas, pero esas personas no dirán frases como las de Mauricio, y es porque, como he dicho antes, esa personalidad está exagerada. El personaje estrella de The Big Bang Theory, Sheldon Cooper, tiene una personalidad tan exagerada que, si existiese de verdad una persona así, probablemente acabaríamos en la cárcel por asesinato.
¿Y, por qué, si son tan odiosos, nos caen tan bien? Porque, además, hay que crear un vínculo con el espectador. Pero eso, amigos, ya es otra historia…
PS: Más información en “Como orquestar una comedia”, de John Vorhaus.

miércoles, 8 de abril de 2015

Allí Abajo

Dicen que el verdadero negocio de los fascículos coleccionables está en el primer número. Puede que sea eso lo que pasa con la nueva serie de antena 3.
La comparación con Ocho Apellidos Vascos es inevitable, y muchos la criticarán sólo por eso, independientemente de si es buena o no. Sin embargo, esa crítica no le viene mal del todo a la cadena, puesto que crea expectación, y aunque no te parezca bien, saben que la vas a ver. Luego para el segundo capítulo ya veremos qué pasa, pero la caja del estreno ya está hecha.
¿Y por qué criticar este producto sólo por parecerse a otro? El éxito de la película se debe al guión. La idea de un sevillano en el País Vasco no es graciosa por sí misma, pero da pie a situaciones cómicas, que hay que desarrollar. Podían hacerlas bien, o podían hacerlas mal. Las hicieron bien.
Ahora nos encontramos con una idea parecida. Y vuelvo a decir lo mismo. La idea no es graciosa en sí, hay que desarollarla, los guionistas no son los mismos, y sin duda la harán diferente.
Desde luego, puestos a comparar, el ritmo cómico de la serie es mas lento que el de la película, pero por otro lado, es el primer capítulo, donde se expone el detonante y se presentan los personajes. La serie realmente empezará en el segundo capítulo.
Pero tiene puntazos. Al nivel de Ocho Apellidos Vascos no llega, pero eso no quita que la serie merezca la pena. Es un error hacer un juicio de valor con un solo capítulo, sin dar una segunda oportunidad.
El peor punto, el abuso excesivo de los tópicos. Para una película de hora y media, pase, pero para una serie semanal…
Resumiendo, y por ponerle una valoración entre mala y buena, le pongo un psé. No veo que vaya a llegar a niveles de 7 vidas o Aida, pero se deja ver.
Esperemos al segundo capítulo.
PD: Los actores andaluces ya podían haberles explicado a los no andaluces como imitar el acento bien, así, como apunte.

sábado, 4 de abril de 2015

José Mota

Admiro a Jose Mota. Y sobre todo a su equipo de guionistas. Me parece digno de elogio que sólo necesiten hacer un único programa para tener toda la temporada, y parte de la siguiente.
La gente a la que NO le gusta La Hora de Jose Mota, verá un programa nuevo y creerá que es repetido. La gente a la que SÍ le gusta, verá uno repetido y creerá que es nuevo.
Lo digo en serio. Tiene mucho mérito que, con los mismos chistes, chascarrillos y expresiones de siempre, tengan al público entregado como el primer día.
A los cómicos de Stand-Up se nos exige (y nos exigimos nosotros mismos) renovar el material de vez en cuando, crear espectáculos nuevos, temas nuevos, chistes nuevos. Si no lo hacemos, el público empieza a saberse los chistes, se elimina el factor sorpresa, y nuestro texto deja de tener gracia. Con Jose Mota es todo lo contrario. Es previsible, sabes que va a decir “ir pa’ na’ es tontería”, pero aún así lo ves y te ríes. La gente a la que le gusta el programa, quiero decir.
Conseguir eso no es fácil. Una vez que lo has conseguido ya no tienes que hacer nada más porque los demás programas se hacen solos. Pero encontrar ese primer ladrillo, esa pieza que te allanará el camino, que te hará líder de audiencia y que te dará la oportunidad de hacer especiales de nochevieja, eso sólo se consigue con un talento especial, o con un golpe de suerte. Y 20 años de golpes de suerte no los tiene ni Fabra.