sábado, 1 de agosto de 2015

Los límites del humor

Esta es la eterna pregunta. El eterno debate. Discusiones sin fin que nunca llevan a resolverse del todo. Vamos a zanjar el asunto: El humor no tiene límites, los límites se los ponemos nosotros.
Partiendo de que la comedia es ficción, podemos decir que el humor no tiene límites. Eso es, o debería, ser universal. Todo en la vida es comedia, de todo se puede hacer un chiste. Otra cosa es que el receptor lo acepte o no.
Hay temas sobre los que la gente se siente más sensible, y no aceptan que se bromee sobre él, aunque sea, como hemos dicho antes, ficción, mentira, una farsa, en definitiva, una broma, cojones, que os lo tomáis todo a pecho.
¿Cómo podemos solucionar el problema? Pues que cada profesional establezca su propio tono, y que no salga de él (salida de tono). Definamos tono:
Aunque no es exactamente así, para que sea más fácil entenderlo, diremos que el tono es el tipo de humor. Si haces humor blanco, para todos los públicos, tendrás una salida de tono si mete un chiste de sexo, o de humor negro. Y viceversa.
No me gustan las etiquetas, pero a veces son necesarias. El problema con los límites del humor es que la gente sensible no sabe qué espectáculo va a ver. No hay ningún problema en hacer chistes sobre niños con cáncer, si el público que va a verlo sabe y acepta ese humor. Si un cómico elige una línea, y la respeta, basta con que la gente lo sepa, y si no le gusta, que no vaya a ver tu espectáculo. Hacerte tu público.
Que luego siempre habrá masocas quejicas, jueces morales, que van a verte sólo para poder decirte que no deberías hacer ese tipo de humor. Yo hago lo que me sale del nacle, y si no te gusta, no mires.
Siempre habrá quien se mosquee. Yo conté el chiste del tartamudo en televisión, y un tartamudo se molestó en mandarme información sobre la tartamudez y pedirme que no lo volviera a contar. Lo mismo me pasó con un chiste sobre la paraplejia. Y si se te ocurre hacer un chiste sobre cestas de mimbre, algún hacedor de mimbre se sentirá ofendido. No puedes hacer buena comedia sin ofender a nadie. La comedia es verdad y dolor, y siempre tendrás que tocar alguna fibra.
No le puedes gustar a todo el mundo. Acepta eso. Preocúpate por hacerte con un público fiel a tu humor, y cuando actúes, indícalo.
La gente debe saber lo que va a ver. Sólo cuando hayamos conseguido eso, el humor dejará de tener límites.
Lo que de verdad define bien los límites del humor, es la siguiente viñeta, extraída del blog de ¡Caramba!.

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