Hace poco vi dos obras de teatro en poco más de una semana. Comedias las dos. Una basaba su comedia en situaciones. La otra en chistes de texto. No hay que ser adivino para saber cuál tuvo más éxito.
Una comedia con sólo chistes de texto no lleva a ningún lado. La historia no avanza. Te ríes, claro, porque tiene chistes, muchos de ellos buenísimos, pero son chistes sueltos que nada tienen que ver con la historia, no la hace avanzar, y no consigue captar la atención del público de manera natural. Sales del teatro con una sensación de vacío.
Para hacer reír de verdad, hay que ponerse en situación. Se busca poner al protagonista (o protagonistas) en situaciones difíciles, que le incomodan de alguna manera, y la forma de salir de ellas es lo que hace reír.
Por ejemplo, en Ocho Apellidos Vascos hay una escena en la que el protagonista, quien cree que todos los vascos son etarras y que si descubren que es sevillano lo van a matar, se ve dentro de una herriko taberna donde creen que él es el líder de un comando. No hay chiste propiamente dicho, pero te descojonas en ver como intenta salir indemne de la situación.
Otro ejemplo. En la cena de los idiotas te partes el culo cuando, el inspector de hacienda bebe vinagre, que él no sabía que era vinagre, pero el público sí. Situación dolorosa. Carcajadas.
Para generar dolor, hay que crear una situación propicia previamente. A partir de ahí, todo son risas. Una obra en la que no pasa nada, y de vez en cuando te meten un chiste por algo que han visto, no aporta nada. Es como si estuviese viendo El Club del Chiste.
En la comedia de Stand-up pasa lo mismo. Cada vez son más los cómicos que acaban el espectáculo con un juego de improvisación. Se deja para el final porque es el momento del espectáculo que más gusta. El monólogo ha sido buenísimo, llevas más de un año puliéndolo para dejarlo perfecto y funciona de maravilla, pero el juego de improvisación del final, que no estaba preparado porque por eso se llama juego de improvisación, que te lo acabas de inventar, que no tiene chiste ni tiene nada, resulta que tiene más éxito que el monólogo en el que tanto has trabajado. ¿Por qué? Porque la mayoría de los cómicos en España elegimos (me incluyo) un tema y lo desarrollamos a base de chistes de texto, mientras que en la improvisación cómica lo que haces es crear una situación mediante variables que aporta el público, y a partir de ahí se desarrolla de manera natural, creando extrañas situaciones de las que hay que salir. Se crea interés, se empatiza, y te despollas.
Cada vez son más los cómicos que, poco a poco, van contando historias en sus monólogos, en vez de desarrollar temas. Presentan unos personajes y los ponen en situaciones dolorosas. O desarrollan esas situaciones sobre sí mismos.
Cuando te cuentan una historia, una situación, automáticamente tú te la vas imaginando en tu cabeza, la vas visualizando, y el humor es más gráfico. Cuando no hay historia, cuando salta de un chiste a otro sin apenas conexión, el público necesita hacer un esfuerzo extra para no perder la atención. Se distrae con más facilidad.
Que las comedias de situación también tienen chistes de texto, claro. Pero se usan como complemento, como refuerzo, para llenar algún vacío sin risas demasiado largo.
El chiste de texto no algo en lo que basar tu comedia, sino una herramienta, y como tal debe usarse.
(by Antonio Castejo)

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