sábado, 18 de julio de 2015

Actitud

El genial cómico británico, Eddie Izzard, tiene una máxima que es “70% how you look, 20% how you sound, 10% what you say”. Para los que no sepan inglés: lo más importante es lo que la gente ve, seguido de lo que oye, y lo que menos importa es lo que estás diciendo. El texto. Los chistes, en nuestro caso.
El texto es importante, por supuesto. Sin embargo, yo he visto a varios cómicos contar en público chistes populares de los malos, pero malos malos, de los que si te los cuento yo me coses a hostias, y sin embargo la gente descojonarse. Cómo lo cuentas es más importante que lo que estás contando. ¿Cuántas veces ha intentado un amigo tuyo contarte un chiste de los buenos, y tras terminar, decirte, “Si te lo cuenta Juan, te meas, que él tiene más gracia para contarlos”? No sólo hay que contarlos, también hay que interpretarlos.
Yo mismo. Actúo en un local con mi monólogo oficial. La gente rendida a mis pies. Al día siguiente me recorro 400 km para actuar en otro sitio, hago el mismo monólogo, y no me tiran tomates porque la tienda ya había cerrado. El mismo monólogo. ¿Por qué, con sólo un día de diferencia, en un sitio se ríen y en otro no? Pues, por ejemplo, porque estás cansado de cuatro horas de coche y cuando te pones delante del micro no tienes la misma energía del día anterior. Tan sencillo como eso. Actitud.
No es sencillo salir siempre con la misma energía. Estamos cansados físicamente, o triste por un acontecimiento en nuestras vidas, lo que sea. Pero si somos profesionales, hay que cumplir. No hay excusas.
En Stand-Up no tenemos más herramientas que nuestra voz y nuestro cuerpo. Hay que utilizarlas. Movernos sobre el escenario, gesticular, mover los brazos, cambiar el tono de voz… Eddie Izzard, incluso, se traviste. Hay que dar espectáculo, no sólo contar chistes. Y sobre todo, salir con mucha mucha pero mucha energía. Si sales flojo, la gente lo notará, y tu espectáculo se resentirá. Y luego te quejarás, que si el público era soso, que si se distraía mucho, que si estaban todo el rato hablando y no me hacían caso… Salvo casos extremos que ya explicaré en otro post, la culpa nunca es del público. La culpa siempre es del cómico. Si eres capaz de llamar su atención, no se pondrán a hablar, te escucharán, y se reirán aunque el chiste sea malo.
Aquí os dejo un ejemplo: el mismo chiste contado por un profesional de la comedia, y por un amateur. Decidme cual os gusta más.
Ensaya. Aunque ya te sepas el texto de memoria, ensaya. Sigue ensayando. No pares hasta que seas capaz de hacer la lista de la compra al mismo tiempo que actúas. Y recuerda que ensayas para proyectar energía sobre tu espectáculo.
Aprenderse el texto de memoria no se llama ensayar, sino estudiar.

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