sábado, 25 de julio de 2015

Verdad y dolor

¿Por qué ha tenido tanto éxito el ice bucket challenge? ¿Y por qué, después, han tenido tanto éxito los ice bucket challenge que salían mal? Por la misma razón por la que se han hecho tan famosos los programas de videos caseros, por la que nos reímos cuando alguien tropieza, o por la que ha pasado a la historia la escena del tartazo en la cara.
Porque hay dolor. Nos gusta el dolor. Somos crueles por naturaleza y nos reímos de las desgracias ajenas. Y si no, explícame la audiencia de Humor Amarillo…
La comedia es dolor. Pero no me refiero únicamente al dolor físico. En “dolor” englobamos también las cosas que nos molestan. También las que nos dan rabia. O las que nos dan vergüenza. Dolor es un golpe con una ventana que creías abierta y no lo estaba, pero también es que se te acabe el papel higiénico. Dolor es ducharse y que salga fría de repente, pero también engancharse la manga de la camisa con el picaporte. Y que se te escape un pedo en público. Y que alguien haga ruido al sorber la sopa. Y que te traten mal al comprar el pan.
Todas esas cosas, y muchas más, duelen. Una vez identificadas las situaciones dolorosas que queremos contar, lo que hacemos es vengarnos de ellas. Nos reímos de ese panadero cabrón, de ese aspirador de sopa y del picaporte de los cojones.
Pero la comedia también es verdad. Para que todas esas situaciones dolorosas sean graciosas, deben ser creíbles. Por ejemplo, la escena del tartazo antes mencionada. En sus orígenes era lo más de lo más, pero hoy día tiene menos gracia que Manel Fuentes. Si vemos un tartazo en una película no nos reímos porque no nos la creemos. Sabemos que son actores, que está preparado, que es un guión. Pero si estamos viendo un informativo, una rueda de prensa de un político, y de repente un ciudadano anónimo salta el cordón de seguridad y le estampa un tartazo al vicepresidente, nos descojonamos. Porque ese tartazo sí es de verdad.
Cuando estemos narrando una situación dolorosa, hemos de procurar que sea creíble. No es lo mismo que te examine la próstata un médico a que se sodomice un extraterrestre. Hemos de contar cosas cercanas, que nos puedan pasar a cualquiera, cosas que nos duelan a nosotros, pero que también les duela al público al que se lo estamos contando. Todo el mundo sabe lo que es un examen de próstata. O se lo han hecho, o se lo van a hacer, o conocen a alguien que se lo ha hecho, o lo han visto en la televisión. Pero muy pocos han intimado tanto con alienígenas…
Las cámaras ocultas, claro ejemplo de verdad y dolor. Nos reímos de ver cómo putean a la gente. Somos así, qué le vamos a hacer.
Aprovechémonos.

sábado, 18 de julio de 2015

Actitud

El genial cómico británico, Eddie Izzard, tiene una máxima que es “70% how you look, 20% how you sound, 10% what you say”. Para los que no sepan inglés: lo más importante es lo que la gente ve, seguido de lo que oye, y lo que menos importa es lo que estás diciendo. El texto. Los chistes, en nuestro caso.
El texto es importante, por supuesto. Sin embargo, yo he visto a varios cómicos contar en público chistes populares de los malos, pero malos malos, de los que si te los cuento yo me coses a hostias, y sin embargo la gente descojonarse. Cómo lo cuentas es más importante que lo que estás contando. ¿Cuántas veces ha intentado un amigo tuyo contarte un chiste de los buenos, y tras terminar, decirte, “Si te lo cuenta Juan, te meas, que él tiene más gracia para contarlos”? No sólo hay que contarlos, también hay que interpretarlos.
Yo mismo. Actúo en un local con mi monólogo oficial. La gente rendida a mis pies. Al día siguiente me recorro 400 km para actuar en otro sitio, hago el mismo monólogo, y no me tiran tomates porque la tienda ya había cerrado. El mismo monólogo. ¿Por qué, con sólo un día de diferencia, en un sitio se ríen y en otro no? Pues, por ejemplo, porque estás cansado de cuatro horas de coche y cuando te pones delante del micro no tienes la misma energía del día anterior. Tan sencillo como eso. Actitud.
No es sencillo salir siempre con la misma energía. Estamos cansados físicamente, o triste por un acontecimiento en nuestras vidas, lo que sea. Pero si somos profesionales, hay que cumplir. No hay excusas.
En Stand-Up no tenemos más herramientas que nuestra voz y nuestro cuerpo. Hay que utilizarlas. Movernos sobre el escenario, gesticular, mover los brazos, cambiar el tono de voz… Eddie Izzard, incluso, se traviste. Hay que dar espectáculo, no sólo contar chistes. Y sobre todo, salir con mucha mucha pero mucha energía. Si sales flojo, la gente lo notará, y tu espectáculo se resentirá. Y luego te quejarás, que si el público era soso, que si se distraía mucho, que si estaban todo el rato hablando y no me hacían caso… Salvo casos extremos que ya explicaré en otro post, la culpa nunca es del público. La culpa siempre es del cómico. Si eres capaz de llamar su atención, no se pondrán a hablar, te escucharán, y se reirán aunque el chiste sea malo.
Aquí os dejo un ejemplo: el mismo chiste contado por un profesional de la comedia, y por un amateur. Decidme cual os gusta más.
Ensaya. Aunque ya te sepas el texto de memoria, ensaya. Sigue ensayando. No pares hasta que seas capaz de hacer la lista de la compra al mismo tiempo que actúas. Y recuerda que ensayas para proyectar energía sobre tu espectáculo.
Aprenderse el texto de memoria no se llama ensayar, sino estudiar.

sábado, 11 de julio de 2015

La televisión como negocio

Si algún canal de TV te cobra por ver algo, nos enfadamos. Si nos lo dejan ver gratis a cambio de tragarnos millones de anuncios, nos enfadamos también.
Queremos el gratis total y sin anuncios, pero como a nadie le gusta trabajar por la cara, la televisión, como cualquier negocio, necesita beneficios para poder sustentarse.
Hasta aquí, todos de acuerdo. Lo que ocurre es que NO se hace de la publicidad un uso responsable.
El espacio publicitario es lo que ellos venden, y lo que emiten es sólo un reclamo para engancharte y ponerte a ver anuncios. Se la suda si no ves el programa, la serie, la película… Lo que realmente tienes que ver, son los anuncios.
¿Por qué? Porque los anunciantes invierten un dinero, y esperan que ese dinero les sea devuelto en volumen de ventas. Si dicho volumen no aumenta, es porque la publicidad no ha sido efectiva, y retirarán el anuncio.
La ingente cantidad de canales que hay hoy día es el enemigo de los anunciantes. Que tú hagas zapping, implica que, por mucha audiencia que tenga un espacio, si la gente luego no ve la publicidad, la cadena no ingresa lo suficiente como para mantenerlo.
¿Qué hacer, entonces, para obligar a la gente a ver la publicidad? ¿Lo hacemos bien, como en EEUU? ¿O lo hacemos mal, como nos gusta hacer las cosas aquí en España?
Mal, mal, por supuesto. Lo hacemos mal.
1.- A la publicidad se le sube el volumen, por si te quedas dormido. Despierta, ve los anuncios, y luego ya si eso sigues durmiendo otra vez.
2.- Varias cadenas se ponen de acuerdo en poner los anuncios al mismo tiempo. Sirve de poco, puesto que lo acuerdan entre dos o tres, y hay doscientos millones de cadenas para elegir. Se corre el riesgo de que veas un programa en Antena 3, y la publicidad de Tele5. Además, el hecho de tener que coordinarte con otra cadena que está emitiendo algo completamente distinto, es que se corta por donde no se debe.
3.- (El más importante) Se corta por donde no se debe. En Estados Unidos, la publicidad está programada. Por ejemplo, series como Modern Family, The Big Bang Theroy, Los Simpsons, duran todas exactamente 21-22 minutos, con un corte para publicidad hacia la mitad. Series como The Walking Dead o Breaking Bad, duran 40-42 minutos, con dos cortes. Al hacer el guión de cada capítulo, los guionistas saben cuando va a ser el corte, y escriben con la intención de dejarlo lo más en alto posible, para que no quieras perderte las primeras escenas tras la vuelta de los anuncios. ¿Qué haces? ¿Cambias y te arriesgas? No, ves la publicidad y te aseguras. Fijaos, cuando veáis un capítulo de vuestra serie favorita, como en el momento del clímax, cuando mejor os lo estáis pasando, hay un fundido en negro, para luego volver por donde lo habían dejado. Ahí es donde iría la publicidad en EEUU. Aquí no. Aquí lo emiten seguido, y luego cortan por otro sitio, a su antojo, cuando posiblemente el capítulo tenga algún momento de relax y a ti te importe poco si te pierdes algo.
Eso cuando emitimos series americanas. Cuando son series españolas, ni eso. En España, a la hora de escribir el guión no se tienen en cuenta los cortes para publicidad, porque no se sabe cuando van a ser. Así que para qué.
Y ahora, puesto que esto es un blog de comedia, veamos cómo podemos aplicar todo esto a los programas de Stand-Up:
1.- Nuevos Cómicos que ahora se llama Central de Cómicos que se emite en Paramount Comedy que ahora se llama Comedy Central emitía publicidad antes y después de cada monólogo. Ahora corta los monólogos por la mitad.
2.- El Club de la Comedia, que antes cortaba para publicidad entre cómicos, ahora también lo hace a mitad del monólogo.
Comprensible es, no voy a decir que no. Si estás viendo un monólogo, una vez que ha terminado ya puedes cambiar de canal y no tragarte los anuncios. Si el corte es a la mitad, puede que sigas queriendo ver el monólogo y lo mismo te tragas los anuncios. El problema viene en que la mayoría de las veces, dura más la publicidad que el monólogo en sí, y como, además, el corte es al azar como hemos dicho antes, cuando vuelve de la publi ya no sabes ni a qué cómico estabas viendo, maltratando así, no sólo el trabajo del artista en cuestión, sino tu propio programa el cual estás utilizando de reclamo para tu negocio. Te estás maltratando a ti mismo. Inútil.
Si es más rentable cortarlos por la mitad, ¿no se podría hacer como en las series americanas, es decir, avisar a los cómicos en cuestión para que dividan sus textos en dos bloques, tratando de dejarlo en alto al final del primero para engancharlo al principio del segundo?
Un hombre está con una mujer y ésta consigue que la cosa se le ponga dura. Al poco rato de traqueteo le dice “vuelvo en seis minutos”. Cuando vuelve, la cosa está otra vez pocha. Eso son los anuncios de TV. El Stand-Up necesita captar mucho la atención del público, y ese costoso trabajo que se hace al principio del monólogo, se echa a perder con la publicidad. Yo he dejado de ver estos dos programas, a pesar de lo que me gustaban, porque no los veo a gusto. Me gustan, pero para verlos así, veo otra cosa. Y supongo que como yo, habrá más gente.
Entonces, ¿realmente no sabemos crear contenidos de calidad, o sí sabemos, pero no usamos los recursos con eficacia y acabamos desperdiciándolos?
Dicen que Google está desarrollando un Smart TV con pantalla táctil. Una televisión. Con pantalla táctil. Si nos tenemos que volver a levantar del sofá para cambiar de canal, se acabó el zapping y el rollo que os he soltado hoy no servirá para nada…

lunes, 6 de julio de 2015

El eterno debate sobre los límites del humor

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AnclaDos la ha vuelto a liar. La escena es la siguiente:
El personaje interpretado por Joaquín Reyes quiere la firma de Cristiano Ronaldo, y para conseguirla, utiliza a un niño sano, haciéndolo pasar por enfermo de cáncer, afeitándole la cabeza y todo, faltándole el respeto así, según la masa enfurecida, a los niños enfermos.
Que no todo vale a la hora de hacer humor, dicen. Fíjate tú, que lo que yo pienso es que todo esto ya no tiene nada que ver con el humor. Tiene que ver, sin embargo, con que hay un sector de censores, críticos de salón, que no tienen ni idea, que no terminan de entender, que tergiversan, pero que aún así siempre están dispuestos a alzar las antorchas y salir a cazar brujas.
Oye, que si Guillermo Zapata cuenta un chiste sobre Irene Villa, pues los justicieros se ofenden y piden su cabeza, por faltarle el respeto a la pobre chica, con su desgracia, víctima de ETA. Que luego resulta que dicha chica pasó página hace mucho tiempo, que ya no le ofenden dichos chistes, pero dichos energúmenos (y energúmenas) no lo entienden, y entonces cargan su furia contra dicha chica, ya sin importarle que fuese victima de la dicha ETA.
Ya poco importa que el origen fuesen unos chistes. La cosa se ha ido de las manos. Nos hemos vuelto gilipollas, todo nos ofende, todo nos molesta, e incluso que haya gente a la que no le moleste, eso también molesta. Aquí hay que estar todos molestos, o si no, a la guillotina.
Y si pasa mucho rato sin que nos moleste algo, pues se busca. Se inventa.
Por ejemplo, con un sketch de Facu Díaz donde comparaba a ETA con el PP. No tardó un sector de la población en alzarse en defensa de las víctimas del terrorismo, llegando incluso las propias víctimas, algunos al menos, a sentirse ofendidas, sin sentido. Lo repito: se comparaba a ETA con el PP. Las víctimas no aparecen por ningún lado. Ni se las nombra, ni aparecen de forma implícita, ni nada. Pero había que criminalizar algo, hombre, por Dios, que no nos podíamos quedar sin nuestra ración diaria de mala sangre.
Volviendo al tema de AnclaDos. Como ya expliqué en el artículo perspectiva cómica, para crear un personaje cómico tienes que dotarlos de defectos, y exagerarlos. El personaje de Joaquín Reyes es miserable, y como tal, hará cosas miserables para conseguir sus objetivos. El acto del niño en cuestión es un acto deplorable, propio del personaje. Coherente.
A ver. Ante situaciones de presión, los personajes reaccionan de una forma determinada, siempre coherentes con sus personalidades. Para que una historia tenga interés, tienen que pasar cosas. Y además, cosas inesperadas, que nos sorprendan. Los personajes no van a reaccionar como lo haríamos nosotros. Nunca. Es ficción, son personajes irreales, exagerados, y van a hacer cosas que en ningún caso sería la mejor opción, lo más lógico, sino todo lo contrario, por que si no, no sería una serie, sería un documental.
Yo no veo ahí falta de respeto alguna a los niños con cáncer. De verdad, que alguien me lo explique. ¿Es porque le afeitó la cabeza? No sé, un enfermo de cáncer con media melena no lo veo muy creíble.
Y he aquí la conclusión. Parece ser que lo que quiere la masa es que no se muestre la cruda realidad. Si los niños con cáncer no aparecen en las series, los niños con cáncer no existen y todos somos felices y vivimos en el país de las maravillas.
Los niños con cáncer existen. Es una dolorosa realidad que está ahí, y que no sólo no se puede ocultar, sino que no se debe. Al igual que ocurre con otras lastras, como por ejemplo, el racismo.
En esta misma serie aparece un segurata racista. Odia a los gitanos. Y entre el personal del barco, hay un gitano. ¿Casualidad? No lo creo. Pues el segurata muestra todos los tópicazos racistas que existen contra los gitanos, y ya hay quien se ha quejado porque “fomenta el odio a los gitanos”.
-Pero es que el personaje gitano, precisamente, muestra todo lo contrario, que el que está equivocado, el estúpido, es el segurata, fomentando así el odio y la intolerancia hacia el racista…
-Calla, coño. Hay que quejarse de algo, hombre ya. Necesitamos nuestra dosis de mala sangre.
-Ah, ok. Entonces quitamos al personaje, y así ya el racismo no existe. Ni los gitanos, ya puestos. O bien lo que hacemos es meter a un super realista personaje racista que se dedique a hacer lo que hacen los racistas, que es dar besos y abrazos a todo aquel que sea de raza distinta a la suya, y ya de paso, una quimioterapia sin efectos secundarios.
Vamos a repartir dosis de realidad a toda esta gente. Sí tienes cáncer, quedarte calvo es el menor de los problemas. El cáncer mata, por si hay quien no lo sabe todavía. En mi familia ha habido varios casos, y hablo en pasado porque el desenlace siempre ha sido el lógico, el normal, el esperado. No el deseado, obviamente, pero desear algo con todas tus fuerzas y apretando mucho los ojos no hace que suceda. En mi familia ha habido varios casos, como decía, y por el alto carácter genético que posee, yo estoy esperando a que algún día mi doctora me llame a declarar. No voy a mirar para otro lado, no quiero que se evite hablar del tema. Más bien al contrario. Y si es con humor, mejor.
No ver los problemas no va a hacer que desaparezcan. No podemos cerrar los ojos, no podemos mirar para otro lado. He visto dar noticias sobre guerras con imágenes suavizadas para no dañar sensibilidades. Y una polla como una olla. Esas sensibilidades lo que hacen es que mires para otro lado. Para mí, esas sensibilidades no significan que esas cosas te afecten mucho, sino que lo que quieres es no verlas para creer que no existen. Que vas caminando por la calle y una persona con una sola pierna te pide limosna, pues con girar la cabeza a esa persona le crece una pierna por arte de magia.
Por eso pienso que los justicieros que vieron el capitulo de anclados no se quejan paraproteger a los niños con cáncer, se quejan para no tener que saber que el cáncer infantil existe.
Al principio del artículo he dicho que todo esto no tiene nada que ver con el humor. En realidad sí lo tiene. Por ejemplo, en la serie cuarta planta, que no es comedia sino drama, también se afeitan a los niños que interpretaban a los enfermos. Incluso en un capítulo, un niño (o niña, ahora no recuerdo) sano se afeita la cabeza por su amigo. Pero como no es comedia, sino drama, pues no ofende. En la película A Quien Ama Gilbert Grape, Leonardo Di Caprio interpreta a un niño con deficiencia. ¿Por qué? Porque eso existe, forma parte de esta puta vida, y como tal se puede utilizar, tanto para realidad, como para ficción. ¿Por qué no ofende? Porque no es una comedia.
Como dijo Raquel Sastre, se le pone al humor unos límites que no tienen el drama o el terror.

sábado, 4 de julio de 2015

¿Cómo caer bien al público?

Sé tu mismo, dicen. No finjas ser quien no eres, dicen. Pero todos saben que eso no es cierto. “A mí me gusta la gente auténtica”, dicen muchos, pero lo que no añaden es que quieren que esa gente auténtica debe pensar, hablar, actuar y vestir como ellos. Una máscara, eso es lo que hace falta para caer bien.
Que sí, que estamos de acuerdo en que no hay que ir fingiendo por la vida ser quien no eres, pero eso es para vivir tu vida tranquilamente, sin preocuparte de los demás, a quien no le guste que no mire, y quien me quiera tendrá que hacerlo por como soy. Pero si lo que quieres es caerle bien a una persona concreta, por que te va la vida en ello, tendrás que saber qué le gusta y qué no, y si no coincide con cómo eres realmente, tendrás que mentir.
Pero, ¿y si no sólo quisieses caerle bien a una persona concreta, sino a un amplio número de personas?
Quienes nos dedicamos al mundo del espectáculo debemos enfrentarnos continuamente a gente que no nos conoce. Gente que no sabe, ni cómo somos, ni lo que nos gusta o lo que no, ni nuestros problemas, ni nada de nada. Sin embargo, la mayoría de esas personas emiten un juicio de valor basándose en lo que han visto sobre el escenario, o en el cine, o en la tele. Es decir, no te conocen a ti, pero sí al personaje que interpretas.
Le caerás bien si tu personaje cae bien, y mal si tu personaje cae mal.
Que sí, que el público es muy inteligente y sabe que es un personaje y que la vida real no tiene nada que ver, bla, bla, bla. Ya. A todos nosotros, público inteligente, nos cae bien Jim Parsons porque nos cae bien Sheldon Cooper, sin pararnos a pensar que lo mismo es un gilipollas. Sin contar el revuelo formado por público “inteligente” cuando confesó que es gay.
Somos público inteligente, sí, pero como nos faltan datos, nos aferramos a lo que tenemos, y lo que tenemos son personajes ficticios, actuaciones, pero es lo que hay, y de ahí tenemos que sacar nuestras opiniones.
-Qué va. También hacen entrevistas donde se muestran como realmente son.
Ja. ¿De verdad piensas que, saliendo esa entrevista en un medio de comunicación de masas, el artista en cuestión se va a mostrar tal cual es? ¿O va intentar quedar lo mejor posible, ocultar esa información que no quiere que se sepa?
“Ese tío era un puto alcohólico y un drogadicto de mierda, se merece todo lo malo que le pase”, pensamos si nos enteramos que una persona a la que no conocemos de nada, que le daba a la bebida y las drogas, se suicida. Los alcohólicos y los drogadictos nos caen mal. Pero Robin Williams ni era alcohólico ni era drogadicto. Robín Williams “tenía problemas”. Porque Robin Williams nos caía bien. ¿O quien en realidad nos caía bien eran Peter Pan, la señora Doubtfire, Patch Adams…? ¿Si no hubiésemos visto ninguna película de Robin Williams pensaríamos que es un puto alcohólico y un drogadicto de mierda y se merece todo lo malo que le pase?
Los actores siempre están interpretando. Ese es su trabajo. Meterse dentro en personajes ficticios que puede que no tengan absolutamente nada que ver con la persona que los interpreta. Los actores siempre están “mintiendo”. Los actores siempre llevan una máscara. Robin Williams supo ganarse el cariño del público porque siempre interpretó personajes que despertaban esos sentimientos. Hay otros actores cómicos, pero no caían tan bien como Robin Williams. Hay cómicos que interpretan personajes canallas, y la gente piensa que son unos cabrones. Hay cómicos que interpretan personajes cerdos, y la gente piensa que son unos guarros. Robin Williams interpretaba personajes simpáticos. Comedias simpáticas, con sentimiento. Que te hacían reír, pero que también te ponían tierno. Y por eso todo el mundo querría abrazar a Robín Williams. Luego te echaría para atrás la peste a whisky y la mandíbula desencajada, pero el primer impulso es de achucharlo.
Existe el caso contrario, artistas sobre los que la gente se ha hecho una idea negativa de su persona, por sus personajes, y luego son encantadores. Conozco casos personalmente.
Resumiendo. ¿Cómo caer bien al público? Crea o elige personajes que caigan bien. Si lo que quieres es caer mal, más de lo mismo. Caerás como caigan tus personajes. Sólo tienes que elegir lo que quieres.