A parte de las incontables novelas, Stephen King tiene un libro llamado “Mientras Escribo”, donde enseña a escribir. O mejor dicho, explica lo que él hace.
En dicho libro cuenta que, de pequeño, ayudó a su tío Oren a cambiar una mosquitera, y para ello cargó con una enorme y pesada caja de herramientas desde el garaje hasta donde estaba la ventana. Tres niveles y 50 kilos, la dichosa caja. Una vez allí, sólo necesitó un destornillador para hacer la reparación, y, al acabar, volvió a llevar la caja de herramientas a su lugar.
Steve no entendía por qué hizo ese esfuerzo cuando podía haber cogido únicamente el destornillador que iba a utilizar. La explicación que su tío le dio fue que no sabría qué herramientas, ni cuantas, iba a necesitar para la reparación hasta que no se pusiera a ello, y que prefería llevar todas las herramientas para tenerlas a mano en caso de necesitarlas, que no estar yendo al garaje cada vez que necesitase una distinta, o dejar el trabajo a medio.
Esta enseñanza la aplica a sus novelas de terror, de la misma forma que nosotros podemos aplicarla a la comedia.
Son muchas las herramientas, los trucos, las técnicas a tener en cuenta, y hay que tenerlas todas presentes para saber cual aplicar en cada momento para obtener el mejor resultado. Todas presentes y claras. Saber cómo son y cómo se utilizan. Y tenerlo todo en la mente. Si tienes que consultar apuntes, notas o ejemplos, estás desviando tu atención de la comedia en sí, mermando su calidad, así como también llevando mucho más tiempo.
Del mismo modo que tienes que ser fuerte para cargar con la pesada caja de herramientas, tú también tienes que ejercitarte para poder cargar con todas las herramientas cómicas cada vez que te pongas a escribir, y mucho más aún para improvisar.
(by Antonio Castejo)

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