-¡¡Es que los cómicos siempre habláis de los mismo!!
Esa frase la hemos oído cienes y cienes de veces. Y la seguiremos oyendo. Las madres, las novias, las fiestas, el sexo… son temáticas muy trilladas. Las utilizan los veteranos y los novatos, en stand-up, cine, radio… hasta el punto de que muchos deciden cortar radicalmente, salirse del cliché, y buscar chistes donde nadie los ha buscado antes. Sin éxito.
Muchos lo han intentado (nótese que he dicho intentado), documentado concienzudamente (Wikipedia) para encontrar algo a lo que sacarle chicha. Y como no se encuentra, acabamos por conformarnos con lo que sea, forzando mucho el chiste, que termina por crear un esperpento de uno mismo que no lleva a ninguna parte.
Que yo no digo que no se pueda hacer un monólogo gracioso sobre el Bosón de Higgs o sobre la alimentación de la Garza real. Se podrá, supongo. Pero a ver quién es el guapo que lo hace.
¿Por qué? Porque los temas cotidianos, los que tanto repetimos, son con los que la gente se siente más identificada, y es donde puedes llegarle a su corazoncito, y hacerle reír. Un monólogo sobre isobaras solo funcionaria en una convención de meteorólogos. Por eso es tan difícil. No es que el chiste sea malo (con lo que te lo has currado y eso), es que la gente lo percibe como algo ajeno a él, y tiene que hacer el esfuerzo, no sólo de pillar el chiste, de ponerse en situación, de empatizar, y como tú sigues con tu retahíla, no les dejas tiempo. Con los temas cotidianos, eso le viene rodado, y sólo tiene que escuchar y reír, escuchar y aplaudir, escuchar y tirarse al suelo sujetándose la barriga.
Para ilustrar todo esto, siempre me gusta poner el ejemplo de The Big Bang Theory. Es cierto que hacen chistes sobre ciencia, y sobre cómics, y sobre otros temas no trillados, pero son muy pocos porque en realidad la serie trata sobre lo de siempre, relaciones de pareja, trabajo, amigos… De no ser así no la vería tanta gente.
Sin embargo, de vez en cuando aparece un tema nuevo, con el que la gente se siente cómoda e identificada, y que ningún cómico había tratado antes. Bien porque es un tema actual (crisis económica, whatsapp, redes sociales…), bien porque había pasado desapercibido a nuestro ojo que todo lo ve.
Y claro, en cuanto uno lo descubre, llegan los demás y lo abordan también, convirtiendo lo que era original en otro tema trillado. ¿Se puede considerar plagio? Eso lo abordaré en el siguiente post.
Ahora bien: ¿estoy diciendo con esto que no se puede ser original? ¿Estoy diciendo con esto que hay que seguir el mismo camino de siempre, no buscar nuevos senderos? En absoluto.
El problema viene en “buscar la originalidad a toda costa”. Si ves que no funciona, si ves que no lo consigues, no sigas por el mismo camino, no te empeñes en seguir esa senda. Busca otra alternativa. En un post anterior hablé sobre tirar chistes que no funcionan. Pues con los temas pasa lo mismo. Imagina una sucesión de chistes malos o que no entiendes, 15 minutos de “qué coño está diciendo este ser humano”. ¿Quieres ser original? Adelante. Pero hazlo bien.
Y, sobre todo, recuerda que la originalidad no está sólo en un tema nuevo. Original también es contar el mismo tema de siempre, desde una perspectiva que aún no ha sido abordada. O la forma de decirlo. Y para muestra, un botón:
(by Antonio Castejo)
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