domingo, 6 de diciembre de 2015

Ocho apellidos catalanes

apellidoscatalanes
No. Nonononono. ¿Por qué?
Había que aprovechar el tirón, el impulso de la película anterior, básicamente hacer caja. Con la buena publicidad que traían de casa gracias a Ocho apellidos vascos, la asistencia a las salas estaba asegurada. Y lo que está asegurado ahora es la cara de decepción que se nos queda a todos al salir del cine.
A ver, yo fui ayer a ver la película teniendo asumido que no iba a ser como la primera. Lo aceptaba. La expectación generada juega mucho en contra, pero lo que no me esperaba era que lo de comedia romántica se quedase sólo en romántica.
Y romántica si me apuras, tampoco.
El planteamiento es del todo previsible: chico se entera que su ex se va a casar, se arrepiente y quiere reconquistarla el día que ella se casa con otro chico. De manual. Que el chico finalmente recupera a la chica lo sabía hasta el Tato. No hace falta ni poner el aviso de spoiler. De películas así está plagada la cartelera. O sea, que si en lo romántico ya está todo dicho, nos queda lo de comedia.
Un par de puntazos y unos cuantos juegos de palabras. Y para de contar.
El la primera película recuerdo a todo el público descojonándose al unísono, cada dos por tres, carcajadas que inundaban la sala eclipsando el sonido de la película. Anoche no se reía nadie. Alguna risa suelta de vez en cuando, pero ya está. ¿Y por qué?
A mi entender, simplemente porque no había comedia. Situaciones metidas con calzador, otras prometedoras que no han sido explotadas adecuadamente. Si en la primera película un sevillano tenía que hacerse pasar por vasco, el protagonista, utilizando todos los tópicos posibles, se va metiendo en unas arenas movedizas de las que no sólo es incapaz de salir, sino que además se va hundiendo cada vez más, lo que crea situaciones desternillantes. Si en el fondo no se inventó nada, un pez fuera del agua de manual también, pero muy bien hecho. En esta versión intentan ir por el mismo camino, haciéndole creer a una anciana (Rosa María Sardá) que Cataluña es independiente. Lo que pasa es que la trama parece centrarse más en la relación sentimental de los protagonistas, olvidando el enredo que debía montarse y no se monta. Rafa (Dani Rovira) hace un intento de hacerse pasar por catalán (Me llamo Oriol…), que se queda olvidado casi inmediatamente. El personaje de Carmen Machi intenta hacerse pasar por catalana sin venir a cuento, sin que nadie se lo pida, y sin saber aún siquiera que había que engañar a la vieja. Pequeños intentos, con personajes secundarios, de liarla parda, que se quedan en nada. Pequeños intentos que no solo no refuerzan la trama principal, sino que siquiera tienen nada que ver, cuya única justificación para meterlos sería la de crear situaciones hilarantes, pero que se quedan sin resolver, sin rematar, convirtiendo la película en una especie de sucesión de scketchs sin gracia mientras los otros intentan resolver sus problemas sentimentales sin hacer reír a nadie.
No me lo puedo creer, sinceramente. Ha debido pasar algo externo que les ha obligado a hacer semejante bodrio. No sé, presiones de Mediaset, por poner un ejemplo. Yo qué sé. Después de ver Ocho apellidos vascos y de leerme la novela de sus guionistas, Venirse arriba (de la que ya hablaré), pensaba que todo lo que hicieran Borja Cobeaga y Diego San José tendría un mínimo de calidad humorística.
Supongo que nadie es perfecto, como cuando ves el monólogo de un cómico y te parece el mejor del mundo, y luego saca espectáculo nuevo y ves que no era para tanto. No somos genios. Unas veces tienes más inspiración que otras. Unas veces te salen las cosas bien, y otras mal. Por eso tan importante como saber escribir es saber desechar. Quiero pensar que no han tenido otra opción, que hubiesen querido más tiempo para hacer las cosas bien, pero alguien les ha dicho “trae para aquí, que se nos hace tarde. Así mismo vale”. Y ha salido como ha salido.
Cuando hago críticas negativas, siempre aparece algún fan incondicional que me dice: “Seguro que tú lo hubieses hecho mejor, ¿no?”. Pues no. Estoy seguro al 100% que si alguien me hubiese encargado hacer ese guión, sería aún peor. Pero que no yo no sepa jugar al fútbol no implica que cuando vea un partido no quiera ver goles.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Medidas para salvar el Stand-Up en España

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La burbuja de los monólogos cómicos hace ya tiempo que estalló en este país. Con unos inicios que prometían muy felices, llegó el intrusismo, la masificación, las malas artes, la falta de escrúpulos y la dejadez, tanto por el que ofrece como por el que demanda, que ha derivado en un trabajo precario y de mala calidad.
Obviamente no estoy hablando de todos por igual. Hay cómicos muy profesionales, salas que son un lujo, programadores y representantes que se merecen su sueldo… Pero la cosa ya no es lo que era. Sueldos indignos y mala organización están haciendo que el negocio no sea rentable para nadie. Salas que pierden dinero con cada actuación, cómicos que necesitan otro trabajo para llegar a fin de mes…
A continuación propongo una serie de medidas que, a mi entender, servirían para profesionalizar un sector demasiado dejado al libre albedrío. Ahí van:
1.- Solo podrán trabajar los cómicos con licencia. Antes, para que una sala te contratara, te preguntaba: ¿Pero tú has grabado en Paramount? La cadena servía como garantía de calidad, y era el objeto de deseo de todo aquel que quería dedicarse a esto. Pero la prohibición de subir videos a youtube, y la búsqueda del más barato todavía de los locales, han devaluado el poder del sello televisivo. Hay que recuperar eso. Necesitamos un distintivo. La idea sería crear sociedades o algún tipo de instrumento que garantice que un cómico es un profesional. Al igual que un abogado no puede trabajar si no está colegiado, y no puede colegiarse si no acaba la carrera, los cómicos deberíamos “simular” esta situación. Para trabajar debes presentar tu carnet de colegiado en comedia, por llamarlo de alguna manera, y para colegiarte, hacer un tipo de curso, en escuelas oficiales, que garantice que eres un profesional de calidad. Ni que decir tiene que esto debe hacerse de manera legal, mediante el ministerio de educación, y no haciendo grupos de cómicos como si fuésemos bandas urbanas. Todo legal.
Alguno me dirá que hay cómicos con un talento innato y que no les hace falta ningún curso para demostrar su calidad. Y es verdad. Pero la medida no es tanto para medir la calidad (que también, ya que estamos. El curso habría que aprobarlo, no sólo asistir), sino para evitar el intrusismo. Hay cómicos con un Don, pero otros no, y se cuelan en el circuito de la misma forma, cerrando salas y hundiendo el negocio. Además, si tienes el Don, el curso para ti será un mero trámite. Nada de qué preocuparse.
Entonces, los cómicos que están empezando ¿cómo cogen tablas si no pueden actuar? Claro que pueden actuar. Para esto están los concursos y los espectáculos de micro abierto, donde la gente asiste a sabiendas que habrá cómicos amateurs y que van a la sorpresa. Lo que no pueden hacer son bolos profesionales, donde la gente que va es porque tiene la garantía de que va a ser un espectáculo en condiciones. Que para eso ha pagado entrada. Porque hay que…
2.- Cobrar entrada siempre. No estoy diciendo de cobrar mucho, pero si algo, aunque sea simbólico, una consumición obligada, no sé, algo, lo que sea. Esto actúa de filtro. Si el espectáculo te cuesta dinero, quieres amortizarlo, y estás pendiente. Así se evita gente que entra porque pasaba por ahí, que no le interesa el show, y que se sienta al fondo a hablar sin dejar escuchar a los demás. ¿Los niños también pagan? Sí. ¿Por qué? Para que no los lleves.
Cuando le digo esto al dueño de un local, me dice: es que si cobro entrada no viene nadie. Entonces le cuento la historia de un local que hay en mi pueblo, que llevaba haciendo monólogos desde el principio, donde han actuado los ahora mejores cómicos de España, entonces desconocidos. Yo he ido allí, pagado mi entrada, reírme hasta el flato, pedir otra cerveza cuando se me acababa la que tenía, y pensar que a mí también me gustaría poder hacer eso algún día. El negocio salía rentable, y lo sé porque yo mismo he organizado y la cosa funciona. Así sí funciona. Pero la avaricia rompe el saco, y el dueño del local pensó que si no cobraba entrada iría más gente aún y ganaría mucho más dinero en copas. Acertó a medias. Sí es cierto que iba más gente aún. Se llenaba el bar hasta tal punto que era imposible acceder a la barra. Yo he seguido yendo a ese local y pasar todo el espectáculo seco, porque era imposible pedir, a parte de tener que utilizar un periscopio para ver algo porque los más altos se ponen siempre en las primeras filas, los cabrones. Entonces el dueño empezó a quejarse de que la gente no consumía, que perdía dinero, contratando a cómicos cada vez más baratos (y peores, todo hay que decirlo), hasta finalmente retirarse por completo.
Por eso digo que es bueno para el local, porque es preferible que vaya menos gente, pero que consuma, a que se llene el bar y no tener que abrir la caja registradora en toda la noche, y bueno para el cómico porque cuesta menos ganarse a un público que ya viene dispuesto de casa.
“Es que si cobro entrada no viene nadie”. Si no hay locales con entrada gratuita, si todos cobran entrada, quien quiera ver comedia tendrá que pagar. En los teatros se paga sin rechistar, ¿por qué en lo bares no, si es menos dinero además con consumición? Claro que la gente quiere pagar. Lo que no quiere es pagar por un espectáculo de mierda, pero si hay garantía de que es de calidad, claro que paga.
3.- Cachés altos. No estoy diciendo de cobrarle a un local miles de euros, pero sí un salario digno y justo, que te mereces si eres un profesional como indicará tu número de colegiado, y que además sirva para disuadir a locales cutres. Me explico:
Antes de la burbuja había pocos locales que hiciesen comedia. Antes de una debacle que ha ido creciendo como una bola de nieve, los precios restrictivos hacía que tuvieses que desplazarte al pueblo de al lado si querías ver un monólogo en directo, hacía que tuvieses que esperar hasta el día de la semana o del mes en que había actuación y te organizabas para no perdértelo. El local que se arriesgaba atraía a la gente de su municipio y a los de al lado. Se petaba. Generando la envidia de los demás locales que también querían pero no podían o no se arriesgaban. Pero entonces llegaron las rebajas y de repente podías encontrar en el mismo pueblo varios locales que ofrecían monólogos el mismo día de la semana, y así varios días de la semana. Con tanta oferta, estás tú que la gente iba a ir a ver el espectáculo. Si no voy hoy, voy mañana, y si no pasado, y si no al otro, y así lo vas dejando hasta que te das cuenta que llevas más de un año sin ver un directo. Y si a eso le sumas el intrusismo de mala calidad, que para una vez que haces el esfuerzo de ir resulta que no te ríes, pues la próxima vez te lo piensas.
Por eso un caché más alto no sólo es bueno para el cómico, que ve recompensado su trabajo (escritura, ensayo, prueba, reescritura, reensayo, reprueba… desplazamientos, trabajar noches y fines de semana, dormir lejos de tu familia, kilómetros y kilómetros… “Es que cobráis mucho por sólo una hora”. ¡Una polla!), sino también bueno para los locales, porque ya no tendrás otro monólogo la misma noche en el bar de al lado. Restringe a los locales de poco tamaño y su quiero y no puedo, pero sobre todo, al igual que el público que cobra entrada va con otra actitud al espectáculo, al local al que le cuesta dinero el show se lo curra más, pone más publicidad y hace lo posible porque se llene. Que he visto locales hacer dos carteles a mano para ponerlos dentro del local, y luego no entender cómo era posible que no hubiese ido nadie.
Si obligamos a los locales a pedir el certificado, número de colegiado o como lo queramos llamar, habrá menos cómicos. A menos masificación, más oferta de trabajo para los cómicos realmente profesionales. El negocio volverá a ser rentable y se acabará el actual “bajarse los pantalones”, incluso haciendo…
4.- Factura siempre. ¿En serio? ¿Pagar impuestos? Entonces gano menos.
Si tú quieres ganar 300€, pues cobra 350, que tras pagar los impuestos se te quedan tus 300 limpios. Operación matemática sencilla.
-Pero hay muchos locales que no quieren factura.
Sí la quieren. Lo mismo no lo saben, pero sí la quieren. Explícaselo. Al que cobra no le interesa facturar, porque así se ahorra los impuestos, pero al que paga SIEMPRE le interesa tener factura, porque cuanto más gastos, menos IRPF paga al hacer el trimestre, y porque el IVA se lo deduce.
-¿Y los cómicos que tengan poco trabajo? ¿Cómo van a pagar el autónomo?
Hay soluciones para todo. Por ejemplo, los artistas tienen una modalidad de seguridad social en la que sólo te aseguras los días que trabajas. Por otro lado, varios cómicos podrían formar una sociedad y facturar a través de ella, haciéndote un seguro como trabajador por cuenta ajena sólo por los días trabajados. Yo lo hago continuamente. Eso sí, apenas cotizas, por lo que te conviene aumentar el volumen de trabajo para poder asegurarte a jornada completa. Pero es una solución para épocas de vacas flacas.
Además, hay que hacer factura, a parte de porque es lo que hay que hacer, que hacienda somos todos, y todo eso, porque será necesaria como garantía de seguridad si se ponen en marcha las medidas anteriores, ya que para evitar fraudes será necesario contar con un..
5.- Organismos independiente que denuncie a infractores. Tanto a cómicos que actúen sin licencia, como a los locales que los contraten. A los que no respeten los cachés. A los que no hagan factura. A los que no cobren entrada… En definitiva, de nada sirve crear unas pautas de trabajo si luego no se respetan y tampoco se denuncian. Muchos cómicos comentan (se quejan) con otros cómicos sobre malas artes de locales y compañeros, pero no denuncian ni se quejan en público por miedo, por evitar malos rollos, porque programa y entonces perderé trabajo, etc. Tanto cómicos como locales podrían denunciar de forma anónima la competencia desleal, y el organismo denunciar en su propio nombre al infractor. Y se acabaría tanta tontería.
Resumiendo, habría que convertir en oficiales las escuelas de comedia que hay (y las que surjan), para que sólo a través de ellas se pueda obtener una licencia o número de colegiado, sin el cual no se puede trabajar, establecer una tabla de sueldos oficial, obligar a los locales a solicitar licencia, factura y cobrar entrada, y que nadie se calle y denuncie a quien no cumpla las normas.
Obviamente, esto son sólo directrices, habría que completar y matizar (se aceptan propuestas), y probablemente haya algo que sea irrealizable y/o sea necesario hacerlo de otra forma. Pero es un camino. El negocio se puede levantar, sólo hace falta compromiso.

sábado, 19 de septiembre de 2015

La evolución del Stand Up en España

Mucha gente está empezando a pedir a gritos que pasemos ya de nivel, que demos el siguiente paso, que evolucionemos de una p*ta vez.
El Stand Up en España está estancado casi desde que empezó.
Irrumpió con fuerza por el año 2000. Aunque ya existía antes, era muy minoritario, y fue al surgir El Club de la Comedia y Paramount Comedy (ahora Comedy Central) cuando se masificó hasta alcanzar los niveles actuales.
Temas cotidianos. Lo que nos pasa día a día, las parejas, las fiestas, el sexo… Temas recurrentes repetidos hasta la saciedad por los más de mil cómicos que hay actualmente en España (censo no oficial).
Poco a poco se ha ido buscando la originalidad: pues yo voy a hablar del cuarto de baño, pues yo de los móviles, pues yo de películas y series… Pero no dejan de ser temas cotidianos introducidos por el ¿no os pasa que…? o el viniendo para aquí, que por mucho que nos empeñemos en buscar un tema que aún no haya tratado nadie, hasta que no se cambie la forma en la que se aborda seguiremos estancados.
Pero, ¿depende todo de nosotros los cómicos? Yo creo que no. Los cómicos y nuestro público debemos avanzar de la mano, y no podremos dar el siguiente paso hasta que la gente no esté preparada para que lo demos. Me explico.
No sé si es debido a que el carácter de los españoles es así, o es porque en tema de Stand Up aún estamos en pañales, pero entre el año 2000 hasta el día de hoy, la estructura del monólogo a ido buscando el mayor número de risas por minuto. No digo que eso sea malo, pero tiene un inconveniente: son premisas muy cortas que te obligan a abusar de comparaciones y exageraciones, y en definitiva no te deja salir del tema cotidiano en esencia, por mucho que te esfuerces en rebuscar temas no trillados.
Sin embargo, en Estados Unidos no tienen esa presión de hacer reír cada 20 segundos. Los grandes cómicos americanos (en youtube hay a patadas vídeos subtitulados) te cuentan una historia, te transmiten un mensaje, te expresan su opinión, su punto de vista, y sobre todo mucha crítica social, y te meten el chiste cuando tienen que hacerlo. Los escuchas, porque lo que están diciendo es interesante, y te ríes cuando toca, porque de eso se trata.
Pueden estar perfectamente con una premisa de tres minutos sin que el público pierda la atención, y rematarte el chiste sin que pierda la gracia. Eso aquí en España hoy por hoy es imposible. He puesto a mis amigos vídeos de los cómicos más prestigiosos americanos, de los que llenan estadios, y enseguida se despistan, por que no conciben ver eso sin reírse tres veces por minuto, que qué cómico más malo.
Esto es un ejemplo de, como ya dije en el post anterior, que en caso de pinchazo no toda la culpa es del cómico, que el público también tiene algo de responsabilidad. Como también tiene algo que decir para que la comedia española evolucione. El público debe estar dispuesto a eso, a escuchar un mensaje aunque no te guste, que te cuenten verdades distintas a las tuyas, a ver el mundo desde fuera, sin sentirte atacado personalmente.
Esto último, lo de atacado personalmente, lo digo pensando en la política. Vuelvo a decir que no sé si es nuestro carácter, o es que no estamos preparados, pero si haces un monólogo de un determinado color político, un sector de la audiencia se sentirá como si lo estuvieses insultando a él en concreto. En España hay muchos cómicos que se niegan a hablar de política y religión porque la gente es incapaz de verlo como lo que es, un monólogo de humor. Mientras la gente no sea capaz de reírse de uno mismo, nosotros no podremos dar el siguiente paso, y tendremos que seguir hablando de la zapatilla de mi madre, aunque nos pese.
Hay que educar al público, hay que orientarlos hacia una nueva forma de hacer comedia, pero a ver quién es el guapo que se come la mierda para asfaltarle el camino a las próximas generaciones.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Humor Inteligente?

Entre mi rutina habitual suelo meter chistes nuevos, camuflados, para ir probándolos a ver que tal funcionan. No hace mucho probé un chiste sobre un estudio científico reciente, tras el cual se oyen las carcajadas de una sola persona de entre todos los asistentes.
Al acabar el espectáculo, dicha persona se me acercó y me dijo, que tuvo que explicárselo a sus acompañantes porque nadie más lo había pillado.
Que luego el chiste no tiene por qué ser bueno, puede ser más malo que el vino de un restaurante chino, no digo que no, pero para poder valorarlo, primero hay que entenderlo.
Lo probé un par de veces más con idéntico resultado, y finalmente lo deseché.
También me pasó una vez, actuando en un pueblo de interior de una provincia del norte, que toda la gente que había ido a mi show me miraba con cara de póquer, ni un aplauso, ni una carcajada, ni una leve sonrisa, nadie, además, ni interrumpiendo ni nada, yo no sabia si habían dejado de respirar o qué, que parecía que estaba actuando en el museo de cera. Suelo aprovechar los aplausos para beber agua, para no frenar el ritmo, pero como ahí no aplaudía ni dios, decidí saltarme la regla para hidratarme puesto que tenía la boca mas seca que el coño de la madre superiora. Acabé el chiste y bebí agua. Ante esa pausa mas larga de lo normal, cual no sería mi sorpresa cuando a medio trago empieza todo el mundo a reírse. Todos. ¿Qué ha pasado? Comprobé la bragueta por si acaso. Todo ok. ¿Entonces? A ver si es que son un poco lentos…
En efecto. Decidí hacer la prueba, y a partir de ahí, donde yo sabía que tocaba reírse, hacía las pausas más largas, dándoles tiempo. Todo un éxito. Lástima no haberme dado cuenta antes, porque ya casi había terminado.
Cuando definitivamente acabé, me meto en la oficina (almacén) con el dueño, que aparte de pagarme, me regaló una camiseta promocional del local y, sin preguntarle yo nada, me dijo: “no te preocupes, llevo tres años haciendo monólogos y a todos los cómicos que vienen les pasa lo mismo. El último que vino, un tal Vaquero (hace tiempo de esto, ¿eh?) se comió una mierda también”. ¿No ha funcionado ninguno?, quise saber. Solo Juanjo Albiñana, me contestó (Juanjo, si estas leyendo esto, yo no sabría cómo tomármelo).
¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que hay algunos cómicos que no dan su brazo a torcer en cuanto a lo de que el público es soberano, que si pinchamos la culpa es 100% nuestra y nunca en ningún caso y bajo ningún concepto el público tiene algo que ver, bla bla bla. Gilipolleces. Eso lo dirán para hacerse el guay y/o sentirse superiores. Que me disculpe si algún compañero se da por aludido, no es mi intención ofender, pero si eso fuese verdad, no habría, por ejemplo, hecklers. Los hecklers también son público.
El público puede ser todo lo soberano que quieras, pero a mí que no me venga un tío que no ha terminado la ESO… Perdón. Reformulo la frase teniendo en cuenta cómo está la educación en este momento en este país: el público puede ser todo lo soberano que quieras, pero a mí que no me venga un tío que ha terminado la ESO sin haber hecho ningún mérito para conseguirlo, a juzgar mi trabajo, porque no.
El público confunde normalmente la objetividad y la subjetividad. Si a mí no me gusta, es malo, y si me gusta, es la polla. Clases de humor hay muchas, y a cada uno le gusta la suya, y eso no quiere decir que el resto sea basura.
Y pasa con todo. El mejor futbolista del mundo siempre es el que juega en tu equipo, el resto son unos mantas. El músico que merece todos los premios siempre es tu favorito, y los demás no tienen ni idea. Y así con todo. Mientras no seas capaz de decir “aunque a mí no me gusta este cómico, reconozco que es bueno” tu opinión no me merece ningún respeto.
No quiero decir que desprecie al público. Todo lo contrario. El público es sabio, soberano y respetable, para ellos hacemos lo que hacemos, no hacemos lo que nos gusta a nosotros sino lo que les gusta a ellos, probamos nuestros chistes para ver si son de su agrado, oh majestad, y así tener un espectáculo por y para ellos, y con ello reconozco que cuando pinchamos, la mayoría de las veces es culpa nuestra. Sólo digo que no siempre, o no toda la culpa es nuestra, porque hay algunos casos que… tela.
En esto del humor inteligente me gusta poner como ejemplo a Ignatius Farray. Para mí, es el cómico español actual que mas referencias culturales introduce en su espectáculo. Siempre que veo algún espectáculo nuevo suyo hay algún momento en el que pienso, hostia, eso que acaba de decir, sé que hay chicha, lo noto, pero no lo he pillado. No lo he entendido. No estoy a la altura como público (que sí, que luego se tira 20 minutos haciendo el grito sordo, pero fíjate tú, y esto es una suposición mía, opinión personal, que con el grito sordo realmente se está riendo de nosotros por ser tan simples).
También es verdad que humor inteligente no significa hablar forzosamente, por ejemplo, de ciencia. Una cosa es conocer determinados parámetros culturales, y otra distinta que no puedas pensar un poco, gandul. Puedes hablar de temas cotidianos, dándole un poco la vuelta para que te comas el coco. Humor inteligente no significa que tengas que tener un coeficiente de 150 para entenderlo, pero desde luego no es decir todo el rato “si no es por no ir…”
Y ahora es cuando viene la moraleja de esta historia: es decisión de cada cómico elegir entre hacer humor inteligente de verdad, en el que seas el no va más entre eruditos, pero te comas mojones como casas en según que sitios, o hacer un humor mas simplón, donde llegarás a todo el mundo, a listos y a tontos, pero donde un sector se cansará de ti por hacer siempre lo mismo, por no profundizar.
Eso ya, cada uno.
Ojo, no he dicho que por hacer humor no inteligente significa que seas tonto. Una cosa es tú, y otra lo que hagas y a quien vaya dirigido. Los programas infantiles no los hacen niños.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Hecklers

Resumiéndolo lo máximo posible, un heckler es básicamente una persona que se dedica a dar por culo.
No en el sentido literal, claro. Ahí cada uno es libre de hacer lo que le venga en gana. Me refiero a esa gente que va, ciñéndonos a la temática de este blog, a un espectáculo de comedia, y no deja de interrumpir y molestar, tanto al profesional como al resto de público, que quería disfrutar del espectáculo. Dar por culo, me reitero, que para eso es una expresión polisémica.
No necesariamente ha de ir borracho, aunque suele ser un factor bastaste común.
¿Qué hacer en estos casos? Pues hay que hablar con el responsable o la responsabla (en adelante lease el masculino como neutro) de la sala donde toque actuar. Del mismo modo que hablamos sobre cachés, horarios, donde está el escenario, que si seguro que no me voy a matar al subirme encima de esa caja de cartón, que mira que no peso 30kg, que si el micro inalámbrico tiene pila, que si podrías quitar la luz de neón para poner luz blanca normal, la de siempre, la de toda la vida, de igual forma debemos hablar sobre el protocolo a seguir en caso de hecklers.
Que no os convenzan, la responsabilidad es de la sala. Quienes deben hacerlos callar, o incluso echarlos si se da el caso, son los responsables de la sala.
Recuerdo una ocasión, una actuación mía, en la que un heckler que estaba en primera fila (no sé por qué hago esta aclaración, siempre se ponen en primera fila) empezó a interrumpirme constantemente, con afán de protagonismo, intentado hacerse él el gracioso, haciendo caso omiso de las miradas asesinas del resto del público. A veces pasa que el dueño del bar está por ahí haciendo cosas, trabajando, ni siquiera puede ver el espectáculo por el que ha pagado, y tienes que lidiar tú solo con el energúmeno, qué se le va a hacer. Pero en este caso concreto que estoy relatando, el dueño del local estaba sentado también en primera fila, un par de mesas a la derecha, mirando con desaprobación la mierda que me estaba comiendo. Al acabar la función, le digo:
-Anda que has puesto solución al tío ese que estaba molestando.
Y me contesta:
-Ese es tu trabajo, tu responsabilidad.
De eso nada, monada.
Imagina que vas a una obra de teatro y son los actores los que tienen que parar la función para hacer callar a un imbécil. ¿Y si no hace caso a la primera? ¿Cuántas veces habría que parar la obra para hacerlo callar? ¿Son los propios actores los que tienen que bajarse del escenario para acompañar a esa persona a la puerta? No, señoros, ese no es nuestro trabajo.
Nuestro trabajo es hacer que el espectáculo funcione bien, no hacer de seguratas. No deberíamos tener ningún reparo, si nadie pone solución a una situación de ese tipo, a apagar el micrófono y adiós muy buenas.
Eso no quita que no podamos intentar hacerlos callar. Los cómicos debemos ser capaces de improvisar algo de vez en cuando, y eso puede aprovecharse para ridiculizar un poco a esa persona non grata. Nunca le des protagonismo, nunca le dejes hablar, nunca permitas que se suba al escenario. Desde donde estás, métele caña, recuerda que el resto del público está de tu parte, les molesta tanto como a ti, y agradecerán con risas y aplausos todos los chistes que hagas contra esa persona. Aquí un par de ejemplos:
En teoría debería bastar. Muchas veces suelen darse por aludidos y se callan para que los dejes en paz, o directamente se van. Pero si están muy borrachos probablemente sigan a los suyo.
Corta el espectáculo. Anuncia una pequeña pausa, y ve directo a hablar con quien mande ahí, para ponerle solución de cara a la segunda parte.
Pero nunca te enfades durante la función. No le grites, o le eches la bronca a nadie en serio, y luego sigas con tu rutina. Recuerda que no todo está en el texto, también hay que crear una atmósfera, empatizar con el público, y ésta se volatilizará si en mitad de un chiste pegas un grito, y luego intentas continuar como si nada.
Lo que se conoce comúnmente por cortar el rollo.
Y ya que estamos con las anécdotas, ahí va otra: llego yo puntual como siempre al local donde me tocaba actuar esa noche. No había nadie. Con nadie no me refiero a dos personas en la barra y una mesa de fieles en un rincón. Con nadie me refiero a nadie. Nadie de nadie. El dueño del bar cortando limón y ya.
-¿Qué pasa? -le pregunto.
-Que hoy actúa Berto en el teatro del pueblo.
-¿Ah, sí?
-Berto Romero, el de Buenafuente.
-Sí, sí, sé quien es. ¿Entonces qué?
-Vamos esperar un poco.
Una hora después ahí seguía yo. La única persona que había entrado en ese rato fue un tío a sacar tabaco, que se fue en cuanto hubo conseguido su objetivo. Cuando ya estaba a punto de decirle que qué le parecía si me iba, entran 30 personas, de golpe, nada de poco a poco, no no no, en manada, y ocupan las mesas frente al escenario.
-Esto será que Berto ya a terminado y vienen aquí a por más -le dije al jefe.
-Qué va. Estos son amigos míos, que estaban de cena, porque uno de ellos tuvo un accidente el otro día y se ha quedado paralítico, y están celebrando que por lo menos sigue vivo.
No me jodas. 30 personas, más ciegas que la Kika, que han salido de fiesta y quieren que yo se la termine. Como podéis imaginar, un nido de heckler. No había ni uno que se callara, pero si echamos a los que molestan me quedo solo otra vez. Cagontó, el tío ya se podía haber muerto (warning: esto es humor negro, no lo pienso de verdad).
Lo que debería haber hecho es anular la función, pero continué, bajándome del escenario, colocándome a su altura, olvidándome de mi texto y poniéndome a hablar con ellos como si fuera uno más, que si habéis bebido mucho, claro tío mucho vino, tinto o rosado, rosado tío, pues cuando vayas a mear va a parecer que te ha venido la regla, y cosas por el estilo. Al final el dueño del bar me tuvo que decir “corta ya que tenemos que cerrar”. Habían pasado dos horas y media y ni me había dado cuenta.
El monologo fue una mierda, pero yo me lo pasé muy bien, y creo que ellos también.
A veces uno debe saltarse sus propias normas.

sábado, 29 de agosto de 2015

¡Deja de quejarte, envidioso!

En realidad iba a titularlo “Hazlo tú mismo”, pero así queda más llamativo.
Hay muchos cómicos en España, y no hay sitio para todos en lo más alto. Continuamente oímos noticias que nos alegran, sobre compañeros que llegan arriba, que consiguen cosas, y sentimos esa punzada de envidia porque a nosotros también nos gustaría estar ahí, y deseamos con ansia e incertidumbre que ese momento llegue. También continuamente oímos noticias que nos cabrean, sobre compañeros que nos caen mal (por el motivo que sea) que llegan arriba, que consiguen cosas, y sentimos esa punzada de envidia porque a nosotros también nos gustaría estar ahí, porque nos lo merecemos más que el imbécil ese, porque somos mejores profesionales que él, y deseamos con ansia e incertidumbre que se muera de una vez.
Queremos cosas pero, ¿sabemos realmente qué es lo que queremos? Preguntando a cualquiera la respuesta será “hacer lo que me gusta, porque es mi pasión, es mi vida, porque disfruto y es de lo que quiero vivir”. Y la mayoría lo dirán en serio, con convicción y con el conocimiento exacto de lo que eso significa.
Pero el teléfono no suena. Mientras vemos en televisión o en internet la de compañeros que están haciendo cosas, nuestro teléfono no suena. Y esperamos, y esperamos, y esperamos. Y más y más compañeros haciendo cosas. Pero nuestro teléfono sigue sin sonar. Y te preguntas a ti mismo: ¿Cómo lo consiguen? ¿Cómo lo hacen? ¿Por qué a ellos los llaman y a mí no? Y empiezas a hacer suposiciones, conjeturas. Y acabas creyéndotelas. Y acaba cayéndote mal algún compañero que no te ha hecho nada. Acaba cayéndote mal algún compañero al que probablemente ni conoces, salvo por el Facebook. Te preguntas a ti mismo, y tú mismo te respondes, pero, ¿has probado a preguntarles a ellos? Puede que la respuesta sea más sencilla de lo que parece.
No esperes a que te llamen. Levanta el culo. Te dicen que con trabajo, tesón y esfuerzo llegarás lejos y las ofertas llamarán a tu puerta. Puede que sí, pero probablemente no. Y no porque tu trabajo no sea de calidad, sino porque probablemente no saben que existes. Hay muchos cómicos en España. Es imposible que todo el mundo conozca a todos, simplemente somos demasiados, y la demanda no es tan grande. Te llamarán algún día, pero eso no es suficiente para vivir.
Levanta el culo. No esperes a que te llamen. Hazlo tú mismo. Si de verdad es tu pasión, si lo que realmente quieres es trabajar en eso, lo harás. Si quieres actuar en bares, pero no te llaman, ofrécete. Si quieres ser escritor, pero nadie publica tu libro, ahí tienes la autopublicación de Amazon. Si quieres ser columnista pero ninguna a revista o periódico le interesas, ábrete un blog. Si quieres presentar un programa pero nadie te lo ofrece, ahí tienes youtube. Tienes una idea cojonuda para una serie pero nadie te la produce, de webseries está plagado internet.
-Ya, pero eso no tiene repercusión ninguna. Eso lo ven cuatro gatos. Yo lo que quiero es salir en Antena3 y/o La Sexta.
Entonces tú realmente no quieres trabajar en eso, ni lo amas, ni tienes pasión, ni nada. Tu lo que quieres es fama y dinero, y para eso están los realities de Telecinco.
Es como si me dices que tu pasión es jugar al fútbol, pero en el Real Madrid o el Barça, que para jugar en el Ponferradina, pasas. Entonces tú no quieres jugar al fútbol. Lo que quieres es que Cristiano te invite a su cumpleaños.
Si realmente lo que quieres es trabajar en lo que te gusta, lo harás donde sea. En las cadenas de máxima audiencia es muy difícil meter la cabeza. Tienes que adaptarte mucho a su linea, a sus contenidos, y a veces te verás obligado a aceptar cualquier cosa aunque no sea realmente lo tuyo, lo que quieres hacer, sólo por no dejar escapar la oportunidad. Pero hay otras opciones, cadenas donde la audiencia no es tan importante, dónde no son tan estrictos con los contenidos, donde puedes tener más libertad a la hora de hacer lo que quieras. O si no, internet.
Que a los famosos tampoco les llueven las ofertas. El trabajo es el que hay, y el mundo de la televisión es demasiado temporal. Puedes conseguir un puesto en un programa, y que al poco tiempo lo cancelen y tengas que volver al paro. Y mientras te vuelven a llamar, ¿qué? ¿Y si no te vuelven a llamar? Hay que buscarse la vida por su cuenta. Los famosos también lo hacen.
Si quieres actuar en un teatro, no basta con crear un espectáculo. Los teatros no te van a llamar a ti. Tienes que llamarlos tú, ofrecerte tú.
Si alguien te tiene que llamar, te llamará. Pero no lo esperes sentado. Muévete.

sábado, 22 de agosto de 2015

¿Cuantos cómicos hacen falta para cambiar una bombilla?

No puedo contar ya las veces que he visto a un “original” gracioso de turno decir, frente a un cuadro de arte informalista o abstracto en general, lo de “¡¡pero si eso lo hace mi sobrino de 4 años!!”. Y es que es condición humana que, cuando no entendemos algo, pensemos que es una mierda.
Incultos de nosotros, que pensamos que un cuadro es sólo eso, un cuadro, y si vemos que no está bien dibujado no nos podemos explicar que haya tenido tanto éxito. Arte no es sólo pintar un paisaje con todo lujo de detalles. Arte es también su significado, lo que trasmite, lo que expresa, lo que quiere decirnos el artista. Para entender el arte no basta con ver el cuadro. Para entender el arte hay que conocer al artista, su vida, y entender por qué hace lo que hace y cómo lo hace.
¿Por qué hay un cuadro en el Museo Reina Sofía que es un lienzo en blanco con un solo punto más o menos en el centro, y por qué si hago yo uno igual soy gilipollas perdido? Porque mi historia dice que soy un gilipollas que ha querido hacer lo mismo que un artista y se ha llevado una hostia en el cielo de la boca. Por eso.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que hay cómicos buenos, famosos, que de vez en cuando se les va la pinza y hacen algo raro. Rareza que es una genialidad para unos, y una soberana mierda para otros. ¿Y por qué es una mierda para otros? Pues bien porque no lo entienden, bien porque no lo aceptan. Tal vez no sea una genialidad, pero que es bueno, eso seguro, porque el cómico en cuestión no sería ni bueno ni famoso si hiciese “mierda”.
-Jo, pero es que yo hice esa misma mierda antes que él, y conmigo nadie se rió. Se ríen sólo porque es él, no porque tenga gracia.
Fíjate, que yo creo que no. Para empezar, igual igual no será. Es en los detalles donde se diferencia al genio. He visto cienes y cienes de veces a gente (incluso a cómicos profesionales) contar un chiste o una rutina de otro cómico, “exactamente” igual, y no tener la misma gracia. Porque exactamente igual, no es. Hay pequeñas cosas que el imitador no da importancia, las quita, y sin embargo sí la tiene, y el “todo” del chiste se ve afectado. ¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir “no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta”. Los detalles.
Alguna vez habrás visto algún monólogo de un cómico extranjero. Famoso en su país, pero no aquí. Ves en youtube alguno de sus espectáculos más famosos y dices: pues no entiendo por qué es tan famoso, si no tiene tanta gracia. Y si tú no le ves la gracia, tampoco entiendes por qué el público asistente sí se está partiendo la caja. Pues porque al igual que en la pintura, no es sólo el monólogo, sino toda la realidad que lo rodea. Lo mismo está haciendo referencia a la actualidad de su país, de la que no tenemos ni idea. O, más difícil todavía, call-backs de sus propios espectáculos anteriores, que el público asistente conoce, pero nosotros no. También es condición humana emitir juicios de valor sin tener toda la información, y más aún si la crítica es destructiva.
Lo entenderemos mejor con el caso contrario. Alguien de otro país busca en Google cómicos españoles, y el primer monólogo que ve es de Ignatius Farray. Aunque a veces incomprendido, es considerado en España como un genio de la comedia. Sin embargo, un extranjero no entenderá que tanta gente se esté despollando durante tanto tiempo solamente con el grito sordo. Aquí lo conocemos, lo sabemos e incluso lo esperamos y deseamos. Si vamos a un directo de Ignatius y no hace el grito sordo, salimos decepcionados. Pero alguien que lo vea por primera vez…
Que somos envidiosos por naturaleza, y si alguien tiene más éxito que tú, empieza a caerte mal sin ningún motivo. Que un golpe de suerte puede catapultarte, pero, una vez arriba, sólo depende de ti no volver a caer. Que alguien alcance un éxito puntual siendo peor que tú, puede ser. Pero si ese éxito puntual se convierte en carrera profesional mientras tú sigues abajo, lo mismo es mejor que tú y no te has dado cuenta.
Para quien no sepa el chiste, o no lo haya deducido: ¿Cuántos cómicos hacen falta para cambiar una bombilla? 100. Uno para cambiarla y 99 para decir que ellos lo harían mejor.

sábado, 15 de agosto de 2015

Situación Cómica vs Chiste de Texto

Hace poco vi dos obras de teatro en poco más de una semana. Comedias las dos. Una basaba su comedia en situaciones. La otra en chistes de texto. No hay que ser adivino para saber cuál tuvo más éxito.
Una comedia con sólo chistes de texto no lleva a ningún lado. La historia no avanza. Te ríes, claro, porque tiene chistes, muchos de ellos buenísimos, pero son chistes sueltos que nada tienen que ver con la historia, no la hace avanzar, y no consigue captar la atención del público de manera natural. Sales del teatro con una sensación de vacío.
Para hacer reír de verdad, hay que ponerse en situación. Se busca poner al protagonista (o protagonistas) en situaciones difíciles, que le incomodan de alguna manera, y la forma de salir de ellas es lo que hace reír.
Por ejemplo, en Ocho Apellidos Vascos hay una escena en la que el protagonista, quien cree que todos los vascos son etarras y que si descubren que es sevillano lo van a matar, se ve dentro de una herriko taberna donde creen que él es el líder de un comando. No hay chiste propiamente dicho, pero te descojonas en ver como intenta salir indemne de la situación.
Otro ejemplo. En la cena de los idiotas te partes el culo cuando, el inspector de hacienda bebe vinagre, que él no sabía que era vinagre, pero el público sí. Situación dolorosa. Carcajadas.
Para generar dolor, hay que crear una situación propicia previamente. A partir de ahí, todo son risas. Una obra en la que no pasa nada, y de vez en cuando te meten un chiste por algo que han visto, no aporta nada. Es como si estuviese viendo El Club del Chiste.
En la comedia de Stand-up pasa lo mismo. Cada vez son más los cómicos que acaban el espectáculo con un juego de improvisación. Se deja para el final porque es el momento del espectáculo que más gusta. El monólogo ha sido buenísimo, llevas más de un año puliéndolo para dejarlo perfecto y funciona de maravilla, pero el juego de improvisación del final, que no estaba preparado porque por eso se llama juego de improvisación, que te lo acabas de inventar, que no tiene chiste ni tiene nada, resulta que tiene más éxito que el monólogo en el que tanto has trabajado. ¿Por qué? Porque la mayoría de los cómicos en España elegimos (me incluyo) un tema y lo desarrollamos a base de chistes de texto, mientras que en la improvisación cómica lo que haces es crear una situación mediante variables que aporta el público, y a partir de ahí se desarrolla de manera natural, creando extrañas situaciones de las que hay que salir. Se crea interés, se empatiza, y te despollas.
Cada vez son más los cómicos que, poco a poco, van contando historias en sus monólogos, en vez de desarrollar temas. Presentan unos personajes y los ponen en situaciones dolorosas. O desarrollan esas situaciones sobre sí mismos.
Cuando te cuentan una historia, una situación, automáticamente tú te la vas imaginando en tu cabeza, la vas visualizando, y el humor es más gráfico. Cuando no hay historia, cuando salta de un chiste a otro sin apenas conexión, el público necesita hacer un esfuerzo extra para no perder la atención. Se distrae con más facilidad.
Que las comedias de situación también tienen chistes de texto, claro. Pero se usan como complemento, como refuerzo, para llenar algún vacío sin risas demasiado largo.
El chiste de texto no algo en lo que basar tu comedia, sino una herramienta, y como tal debe usarse.

sábado, 8 de agosto de 2015

Mentira y dolor

La comedia es verdad y dolor, ya lo dije el otro día. Cuanto más dolor, más comedia. Pero hay una línea que no se debe traspasar.
Cuando creamos comedia, creamos una situación que tensa al público, y cuando esa tensión se libera, se produce el milagro de la risa. Pero, claro, esa tensión debe liberarse. Si no se libera, se producirán otras emociones, pero no la risa, que es la que buscamos.
La comedia es verdad y dolor, pero dependiendo de lo que quieras contar, deberá ser mentira y dolor, o no se liberará esa tensión.
Por ejemplo, los videos domésticos. Nos gusta ver a la gente resbalarse, tropezarse, estamparse, y nos reímos cuando eso pasa. Hay dolor de verdad, y nos reímos. Observamos la escena con cierta tensión, tensión que se ve liberada cuando, al hostiarse, tenemos la certeza que como mucho tendrá un chichón.
Ahora imagina que estás viendo un video de esos, y ves que acaba con el protagonista decapitado. Un tío dando saltos en una carpintería, tropieza y cae sobre una sierra en marcha. Ya no hace gracia. Porque es verdad, el pavo se ha matado.
Sin embargo, te puede hacer gracia si sabes que es mentira. Es un humor muy típico de las películas tipo Scary Movie. Un personaje acaba decapitado, y la situación te hace gracia porque sabes que no ha muerto de verdad. Aún así, por si hay alguien especialmente sensible, suele ir seguida de una escena en la que la cabeza sigue hablando, ya separada del cuerpo. Un remate final, por si alguien se lo ha creído.
Que sí, que hay gente a la que le hace gracia ver a gente desmembrarse. De hecho, hay webs con contenido de ese tipo, y gente que los busca. Pero, como también dije el otro día en el post Los Límites del Humor, esa gente sabe a lo que va y lo que quiere ver, no te pilla de sorpresa entre videos de gatitos.

sábado, 1 de agosto de 2015

Los límites del humor

Esta es la eterna pregunta. El eterno debate. Discusiones sin fin que nunca llevan a resolverse del todo. Vamos a zanjar el asunto: El humor no tiene límites, los límites se los ponemos nosotros.
Partiendo de que la comedia es ficción, podemos decir que el humor no tiene límites. Eso es, o debería, ser universal. Todo en la vida es comedia, de todo se puede hacer un chiste. Otra cosa es que el receptor lo acepte o no.
Hay temas sobre los que la gente se siente más sensible, y no aceptan que se bromee sobre él, aunque sea, como hemos dicho antes, ficción, mentira, una farsa, en definitiva, una broma, cojones, que os lo tomáis todo a pecho.
¿Cómo podemos solucionar el problema? Pues que cada profesional establezca su propio tono, y que no salga de él (salida de tono). Definamos tono:
Aunque no es exactamente así, para que sea más fácil entenderlo, diremos que el tono es el tipo de humor. Si haces humor blanco, para todos los públicos, tendrás una salida de tono si mete un chiste de sexo, o de humor negro. Y viceversa.
No me gustan las etiquetas, pero a veces son necesarias. El problema con los límites del humor es que la gente sensible no sabe qué espectáculo va a ver. No hay ningún problema en hacer chistes sobre niños con cáncer, si el público que va a verlo sabe y acepta ese humor. Si un cómico elige una línea, y la respeta, basta con que la gente lo sepa, y si no le gusta, que no vaya a ver tu espectáculo. Hacerte tu público.
Que luego siempre habrá masocas quejicas, jueces morales, que van a verte sólo para poder decirte que no deberías hacer ese tipo de humor. Yo hago lo que me sale del nacle, y si no te gusta, no mires.
Siempre habrá quien se mosquee. Yo conté el chiste del tartamudo en televisión, y un tartamudo se molestó en mandarme información sobre la tartamudez y pedirme que no lo volviera a contar. Lo mismo me pasó con un chiste sobre la paraplejia. Y si se te ocurre hacer un chiste sobre cestas de mimbre, algún hacedor de mimbre se sentirá ofendido. No puedes hacer buena comedia sin ofender a nadie. La comedia es verdad y dolor, y siempre tendrás que tocar alguna fibra.
No le puedes gustar a todo el mundo. Acepta eso. Preocúpate por hacerte con un público fiel a tu humor, y cuando actúes, indícalo.
La gente debe saber lo que va a ver. Sólo cuando hayamos conseguido eso, el humor dejará de tener límites.
Lo que de verdad define bien los límites del humor, es la siguiente viñeta, extraída del blog de ¡Caramba!.