sábado, 29 de agosto de 2015

¡Deja de quejarte, envidioso!

En realidad iba a titularlo “Hazlo tú mismo”, pero así queda más llamativo.
Hay muchos cómicos en España, y no hay sitio para todos en lo más alto. Continuamente oímos noticias que nos alegran, sobre compañeros que llegan arriba, que consiguen cosas, y sentimos esa punzada de envidia porque a nosotros también nos gustaría estar ahí, y deseamos con ansia e incertidumbre que ese momento llegue. También continuamente oímos noticias que nos cabrean, sobre compañeros que nos caen mal (por el motivo que sea) que llegan arriba, que consiguen cosas, y sentimos esa punzada de envidia porque a nosotros también nos gustaría estar ahí, porque nos lo merecemos más que el imbécil ese, porque somos mejores profesionales que él, y deseamos con ansia e incertidumbre que se muera de una vez.
Queremos cosas pero, ¿sabemos realmente qué es lo que queremos? Preguntando a cualquiera la respuesta será “hacer lo que me gusta, porque es mi pasión, es mi vida, porque disfruto y es de lo que quiero vivir”. Y la mayoría lo dirán en serio, con convicción y con el conocimiento exacto de lo que eso significa.
Pero el teléfono no suena. Mientras vemos en televisión o en internet la de compañeros que están haciendo cosas, nuestro teléfono no suena. Y esperamos, y esperamos, y esperamos. Y más y más compañeros haciendo cosas. Pero nuestro teléfono sigue sin sonar. Y te preguntas a ti mismo: ¿Cómo lo consiguen? ¿Cómo lo hacen? ¿Por qué a ellos los llaman y a mí no? Y empiezas a hacer suposiciones, conjeturas. Y acabas creyéndotelas. Y acaba cayéndote mal algún compañero que no te ha hecho nada. Acaba cayéndote mal algún compañero al que probablemente ni conoces, salvo por el Facebook. Te preguntas a ti mismo, y tú mismo te respondes, pero, ¿has probado a preguntarles a ellos? Puede que la respuesta sea más sencilla de lo que parece.
No esperes a que te llamen. Levanta el culo. Te dicen que con trabajo, tesón y esfuerzo llegarás lejos y las ofertas llamarán a tu puerta. Puede que sí, pero probablemente no. Y no porque tu trabajo no sea de calidad, sino porque probablemente no saben que existes. Hay muchos cómicos en España. Es imposible que todo el mundo conozca a todos, simplemente somos demasiados, y la demanda no es tan grande. Te llamarán algún día, pero eso no es suficiente para vivir.
Levanta el culo. No esperes a que te llamen. Hazlo tú mismo. Si de verdad es tu pasión, si lo que realmente quieres es trabajar en eso, lo harás. Si quieres actuar en bares, pero no te llaman, ofrécete. Si quieres ser escritor, pero nadie publica tu libro, ahí tienes la autopublicación de Amazon. Si quieres ser columnista pero ninguna a revista o periódico le interesas, ábrete un blog. Si quieres presentar un programa pero nadie te lo ofrece, ahí tienes youtube. Tienes una idea cojonuda para una serie pero nadie te la produce, de webseries está plagado internet.
-Ya, pero eso no tiene repercusión ninguna. Eso lo ven cuatro gatos. Yo lo que quiero es salir en Antena3 y/o La Sexta.
Entonces tú realmente no quieres trabajar en eso, ni lo amas, ni tienes pasión, ni nada. Tu lo que quieres es fama y dinero, y para eso están los realities de Telecinco.
Es como si me dices que tu pasión es jugar al fútbol, pero en el Real Madrid o el Barça, que para jugar en el Ponferradina, pasas. Entonces tú no quieres jugar al fútbol. Lo que quieres es que Cristiano te invite a su cumpleaños.
Si realmente lo que quieres es trabajar en lo que te gusta, lo harás donde sea. En las cadenas de máxima audiencia es muy difícil meter la cabeza. Tienes que adaptarte mucho a su linea, a sus contenidos, y a veces te verás obligado a aceptar cualquier cosa aunque no sea realmente lo tuyo, lo que quieres hacer, sólo por no dejar escapar la oportunidad. Pero hay otras opciones, cadenas donde la audiencia no es tan importante, dónde no son tan estrictos con los contenidos, donde puedes tener más libertad a la hora de hacer lo que quieras. O si no, internet.
Que a los famosos tampoco les llueven las ofertas. El trabajo es el que hay, y el mundo de la televisión es demasiado temporal. Puedes conseguir un puesto en un programa, y que al poco tiempo lo cancelen y tengas que volver al paro. Y mientras te vuelven a llamar, ¿qué? ¿Y si no te vuelven a llamar? Hay que buscarse la vida por su cuenta. Los famosos también lo hacen.
Si quieres actuar en un teatro, no basta con crear un espectáculo. Los teatros no te van a llamar a ti. Tienes que llamarlos tú, ofrecerte tú.
Si alguien te tiene que llamar, te llamará. Pero no lo esperes sentado. Muévete.

sábado, 22 de agosto de 2015

¿Cuantos cómicos hacen falta para cambiar una bombilla?

No puedo contar ya las veces que he visto a un “original” gracioso de turno decir, frente a un cuadro de arte informalista o abstracto en general, lo de “¡¡pero si eso lo hace mi sobrino de 4 años!!”. Y es que es condición humana que, cuando no entendemos algo, pensemos que es una mierda.
Incultos de nosotros, que pensamos que un cuadro es sólo eso, un cuadro, y si vemos que no está bien dibujado no nos podemos explicar que haya tenido tanto éxito. Arte no es sólo pintar un paisaje con todo lujo de detalles. Arte es también su significado, lo que trasmite, lo que expresa, lo que quiere decirnos el artista. Para entender el arte no basta con ver el cuadro. Para entender el arte hay que conocer al artista, su vida, y entender por qué hace lo que hace y cómo lo hace.
¿Por qué hay un cuadro en el Museo Reina Sofía que es un lienzo en blanco con un solo punto más o menos en el centro, y por qué si hago yo uno igual soy gilipollas perdido? Porque mi historia dice que soy un gilipollas que ha querido hacer lo mismo que un artista y se ha llevado una hostia en el cielo de la boca. Por eso.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que hay cómicos buenos, famosos, que de vez en cuando se les va la pinza y hacen algo raro. Rareza que es una genialidad para unos, y una soberana mierda para otros. ¿Y por qué es una mierda para otros? Pues bien porque no lo entienden, bien porque no lo aceptan. Tal vez no sea una genialidad, pero que es bueno, eso seguro, porque el cómico en cuestión no sería ni bueno ni famoso si hiciese “mierda”.
-Jo, pero es que yo hice esa misma mierda antes que él, y conmigo nadie se rió. Se ríen sólo porque es él, no porque tenga gracia.
Fíjate, que yo creo que no. Para empezar, igual igual no será. Es en los detalles donde se diferencia al genio. He visto cienes y cienes de veces a gente (incluso a cómicos profesionales) contar un chiste o una rutina de otro cómico, “exactamente” igual, y no tener la misma gracia. Porque exactamente igual, no es. Hay pequeñas cosas que el imitador no da importancia, las quita, y sin embargo sí la tiene, y el “todo” del chiste se ve afectado. ¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir “no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta”. Los detalles.
Alguna vez habrás visto algún monólogo de un cómico extranjero. Famoso en su país, pero no aquí. Ves en youtube alguno de sus espectáculos más famosos y dices: pues no entiendo por qué es tan famoso, si no tiene tanta gracia. Y si tú no le ves la gracia, tampoco entiendes por qué el público asistente sí se está partiendo la caja. Pues porque al igual que en la pintura, no es sólo el monólogo, sino toda la realidad que lo rodea. Lo mismo está haciendo referencia a la actualidad de su país, de la que no tenemos ni idea. O, más difícil todavía, call-backs de sus propios espectáculos anteriores, que el público asistente conoce, pero nosotros no. También es condición humana emitir juicios de valor sin tener toda la información, y más aún si la crítica es destructiva.
Lo entenderemos mejor con el caso contrario. Alguien de otro país busca en Google cómicos españoles, y el primer monólogo que ve es de Ignatius Farray. Aunque a veces incomprendido, es considerado en España como un genio de la comedia. Sin embargo, un extranjero no entenderá que tanta gente se esté despollando durante tanto tiempo solamente con el grito sordo. Aquí lo conocemos, lo sabemos e incluso lo esperamos y deseamos. Si vamos a un directo de Ignatius y no hace el grito sordo, salimos decepcionados. Pero alguien que lo vea por primera vez…
Que somos envidiosos por naturaleza, y si alguien tiene más éxito que tú, empieza a caerte mal sin ningún motivo. Que un golpe de suerte puede catapultarte, pero, una vez arriba, sólo depende de ti no volver a caer. Que alguien alcance un éxito puntual siendo peor que tú, puede ser. Pero si ese éxito puntual se convierte en carrera profesional mientras tú sigues abajo, lo mismo es mejor que tú y no te has dado cuenta.
Para quien no sepa el chiste, o no lo haya deducido: ¿Cuántos cómicos hacen falta para cambiar una bombilla? 100. Uno para cambiarla y 99 para decir que ellos lo harían mejor.

sábado, 15 de agosto de 2015

Situación Cómica vs Chiste de Texto

Hace poco vi dos obras de teatro en poco más de una semana. Comedias las dos. Una basaba su comedia en situaciones. La otra en chistes de texto. No hay que ser adivino para saber cuál tuvo más éxito.
Una comedia con sólo chistes de texto no lleva a ningún lado. La historia no avanza. Te ríes, claro, porque tiene chistes, muchos de ellos buenísimos, pero son chistes sueltos que nada tienen que ver con la historia, no la hace avanzar, y no consigue captar la atención del público de manera natural. Sales del teatro con una sensación de vacío.
Para hacer reír de verdad, hay que ponerse en situación. Se busca poner al protagonista (o protagonistas) en situaciones difíciles, que le incomodan de alguna manera, y la forma de salir de ellas es lo que hace reír.
Por ejemplo, en Ocho Apellidos Vascos hay una escena en la que el protagonista, quien cree que todos los vascos son etarras y que si descubren que es sevillano lo van a matar, se ve dentro de una herriko taberna donde creen que él es el líder de un comando. No hay chiste propiamente dicho, pero te descojonas en ver como intenta salir indemne de la situación.
Otro ejemplo. En la cena de los idiotas te partes el culo cuando, el inspector de hacienda bebe vinagre, que él no sabía que era vinagre, pero el público sí. Situación dolorosa. Carcajadas.
Para generar dolor, hay que crear una situación propicia previamente. A partir de ahí, todo son risas. Una obra en la que no pasa nada, y de vez en cuando te meten un chiste por algo que han visto, no aporta nada. Es como si estuviese viendo El Club del Chiste.
En la comedia de Stand-up pasa lo mismo. Cada vez son más los cómicos que acaban el espectáculo con un juego de improvisación. Se deja para el final porque es el momento del espectáculo que más gusta. El monólogo ha sido buenísimo, llevas más de un año puliéndolo para dejarlo perfecto y funciona de maravilla, pero el juego de improvisación del final, que no estaba preparado porque por eso se llama juego de improvisación, que te lo acabas de inventar, que no tiene chiste ni tiene nada, resulta que tiene más éxito que el monólogo en el que tanto has trabajado. ¿Por qué? Porque la mayoría de los cómicos en España elegimos (me incluyo) un tema y lo desarrollamos a base de chistes de texto, mientras que en la improvisación cómica lo que haces es crear una situación mediante variables que aporta el público, y a partir de ahí se desarrolla de manera natural, creando extrañas situaciones de las que hay que salir. Se crea interés, se empatiza, y te despollas.
Cada vez son más los cómicos que, poco a poco, van contando historias en sus monólogos, en vez de desarrollar temas. Presentan unos personajes y los ponen en situaciones dolorosas. O desarrollan esas situaciones sobre sí mismos.
Cuando te cuentan una historia, una situación, automáticamente tú te la vas imaginando en tu cabeza, la vas visualizando, y el humor es más gráfico. Cuando no hay historia, cuando salta de un chiste a otro sin apenas conexión, el público necesita hacer un esfuerzo extra para no perder la atención. Se distrae con más facilidad.
Que las comedias de situación también tienen chistes de texto, claro. Pero se usan como complemento, como refuerzo, para llenar algún vacío sin risas demasiado largo.
El chiste de texto no algo en lo que basar tu comedia, sino una herramienta, y como tal debe usarse.

sábado, 8 de agosto de 2015

Mentira y dolor

La comedia es verdad y dolor, ya lo dije el otro día. Cuanto más dolor, más comedia. Pero hay una línea que no se debe traspasar.
Cuando creamos comedia, creamos una situación que tensa al público, y cuando esa tensión se libera, se produce el milagro de la risa. Pero, claro, esa tensión debe liberarse. Si no se libera, se producirán otras emociones, pero no la risa, que es la que buscamos.
La comedia es verdad y dolor, pero dependiendo de lo que quieras contar, deberá ser mentira y dolor, o no se liberará esa tensión.
Por ejemplo, los videos domésticos. Nos gusta ver a la gente resbalarse, tropezarse, estamparse, y nos reímos cuando eso pasa. Hay dolor de verdad, y nos reímos. Observamos la escena con cierta tensión, tensión que se ve liberada cuando, al hostiarse, tenemos la certeza que como mucho tendrá un chichón.
Ahora imagina que estás viendo un video de esos, y ves que acaba con el protagonista decapitado. Un tío dando saltos en una carpintería, tropieza y cae sobre una sierra en marcha. Ya no hace gracia. Porque es verdad, el pavo se ha matado.
Sin embargo, te puede hacer gracia si sabes que es mentira. Es un humor muy típico de las películas tipo Scary Movie. Un personaje acaba decapitado, y la situación te hace gracia porque sabes que no ha muerto de verdad. Aún así, por si hay alguien especialmente sensible, suele ir seguida de una escena en la que la cabeza sigue hablando, ya separada del cuerpo. Un remate final, por si alguien se lo ha creído.
Que sí, que hay gente a la que le hace gracia ver a gente desmembrarse. De hecho, hay webs con contenido de ese tipo, y gente que los busca. Pero, como también dije el otro día en el post Los Límites del Humor, esa gente sabe a lo que va y lo que quiere ver, no te pilla de sorpresa entre videos de gatitos.

sábado, 1 de agosto de 2015

Los límites del humor

Esta es la eterna pregunta. El eterno debate. Discusiones sin fin que nunca llevan a resolverse del todo. Vamos a zanjar el asunto: El humor no tiene límites, los límites se los ponemos nosotros.
Partiendo de que la comedia es ficción, podemos decir que el humor no tiene límites. Eso es, o debería, ser universal. Todo en la vida es comedia, de todo se puede hacer un chiste. Otra cosa es que el receptor lo acepte o no.
Hay temas sobre los que la gente se siente más sensible, y no aceptan que se bromee sobre él, aunque sea, como hemos dicho antes, ficción, mentira, una farsa, en definitiva, una broma, cojones, que os lo tomáis todo a pecho.
¿Cómo podemos solucionar el problema? Pues que cada profesional establezca su propio tono, y que no salga de él (salida de tono). Definamos tono:
Aunque no es exactamente así, para que sea más fácil entenderlo, diremos que el tono es el tipo de humor. Si haces humor blanco, para todos los públicos, tendrás una salida de tono si mete un chiste de sexo, o de humor negro. Y viceversa.
No me gustan las etiquetas, pero a veces son necesarias. El problema con los límites del humor es que la gente sensible no sabe qué espectáculo va a ver. No hay ningún problema en hacer chistes sobre niños con cáncer, si el público que va a verlo sabe y acepta ese humor. Si un cómico elige una línea, y la respeta, basta con que la gente lo sepa, y si no le gusta, que no vaya a ver tu espectáculo. Hacerte tu público.
Que luego siempre habrá masocas quejicas, jueces morales, que van a verte sólo para poder decirte que no deberías hacer ese tipo de humor. Yo hago lo que me sale del nacle, y si no te gusta, no mires.
Siempre habrá quien se mosquee. Yo conté el chiste del tartamudo en televisión, y un tartamudo se molestó en mandarme información sobre la tartamudez y pedirme que no lo volviera a contar. Lo mismo me pasó con un chiste sobre la paraplejia. Y si se te ocurre hacer un chiste sobre cestas de mimbre, algún hacedor de mimbre se sentirá ofendido. No puedes hacer buena comedia sin ofender a nadie. La comedia es verdad y dolor, y siempre tendrás que tocar alguna fibra.
No le puedes gustar a todo el mundo. Acepta eso. Preocúpate por hacerte con un público fiel a tu humor, y cuando actúes, indícalo.
La gente debe saber lo que va a ver. Sólo cuando hayamos conseguido eso, el humor dejará de tener límites.
Lo que de verdad define bien los límites del humor, es la siguiente viñeta, extraída del blog de ¡Caramba!.