sábado, 27 de junio de 2015

Be famous

Hace tiempo escribí un artículo sobre cachés, en el cual anunciaba que en un futuro explicaría como aumentarlo. El día ha llegado, pero no esperéis nada que no sepáis ya. Espero no defraudaros con eso.
Si te haces famoso te saldrá más trabajo, y podrás cobrar más por hacer lo mismo que antes casi regalabas. Rentabilidad. Cuanta más gente vaya a verte más dinero harás ganar a quien te contrate, y estará dispuesto a pagarte más dinero por trabajar para él.
Ahora bien, conseguir un buen número de fieles seguidores no es sencillo. Todo empieza por aparecer en los medios de comunicación de masas. Hay quien lo ha conseguido a través de internet (Twitter, Youtube, blogs…), otros lo han logrado en radio o en prensa. Pero lo más rápido y lo que más gente capta, es la televisión. Actores mediocres han conseguido repercusión gracias a la tele. Grandes actores la han utilizado para afianzar su carrera. Cantantes la utilizan para vender más discos. Miles de artistas la utilizan para promocionar sus productos. Muchos artistas trabajan gratis en televisión porque la publicidad que les da les genera grandes beneficios fuera de ella.
Pero la fama es efímera, y hacer una aparición esporádica en algún programa no sirve para nada. Se trata de forjar una carrera, no conseguir pan para hoy. Necesitas aparecer con cierta regularidad, y a ser posible, que no sea en un canal local.
Y no todo vale. Si pretendes ser un cómico de prestigio, aparecer en Gran Hermano o en Mujeres y Hombres y Viceversa puede hacerte más mal que bien. Te dará fama, sí, pero una fama que no tendrá nada que ver con tu trabajo. Es preferible quedarse en casita a hacer algo que dañe tu imagen (Como también, por ejemplo, los Talent Shows, que es tema a parte).
Lo ideal, participar en programas o series de humor. Si lo haces bien, ahí tienes la ansiada fama. A llenar teatros.
Y llegados a este punto, os explico mi teoría: haced colaboraciones o personajes secundarios, no os dejéis llevar por la emoción y vayáis a por un protagonista. ¿Por qué? Varias razones:
1-El formato de la mayoría de los programas de humor es un conductor que lleva la batuta, pone orden, controla, en resumen, presenta, pero no hace gracia. Para eso están los colaboradores. Latre, Flo, Corbacho, Edu Soto… Todos ellos alcanzaron su cumbre con pequeñas colaboraciones. Posteriormente, a todos les ofrecieron programas donde eran el protagonista y nunca alcanzaron el nivel de su etapa de colaborador. En las series ocurre lo mismo. Mayoritariamente, la historia gira en torno a un personaje normal, más bien soso, siendo el resto de personajes, con sus rarezas, quienes se encargan de las risas. En la serie Aída, la protagonista era una persona más o menos normal, rodeada de secundarios que eran, en realidad, los verdaderos protagonistas. El Luisma ha sido el personaje que ha catapultado a Paco León hasta el punto de dirigir películas capaces de ser éxito sin apenas publicidad.
2-Colaboradores y secundarios tienen menos responsabilidades, menos peso sobre sus espaldas, en definitiva, menos horas de trabajo, lo que te facilitará la tarea de compaginar la televisión con el trabajo fuera de ella. Si te dedicas en exclusiva a la televisión, no podrás aprovechar las ventajas que la fama te da, posponiéndolas a cuando el programa deje de emitirse. El problema de eso es que, si dejas de aparecer en televisión, tu fama irá decayendo, y con ella, tu caché. Nunca merecerá la pena a menos que te paguen un pastón. Y como estamos en una fase de “como conseguir fama”, a los novatos nunca le pagan un pastón.
Y un último consejo: no perdáis el culo por salir en la tele. Elegid bien. La televisión lo mismo te catapulta, que te hunde. No hagáis cualquier cosa que os imponga el productor de turno si no estáis convencidos que os va a venir bien. Rechazad. Salir en la televisión no será la solución a vuestros problemas, y ya vendrán nuevas oportunidades. Puedes hacer mil cosas bien y una mal, que la que saldrá en los zappings será la mala.
Que si hay que arriesgar, que si no hay publicidad mala, bla bla bla. Eso está muy bien en la teoría, pero a ver quien le da trabajo ahora a un fracaso televisivo. Si el personaje que vas a interpretar no cae simpático, corta antes que sea demasiado tarde. Yo he producido algún que otro espectáculo con famosos de este tipo, pensando que sólo por salir en la tele ya era suficiente, y me he pegado una hostia de las buenas.
Hacedme caso, sé de lo que hablo.
Para acceder a los castings, podéis sondear regularmente las webs de las productoras y las de las cadenas de televisión. También hay páginas especializadas donde publican gran cantidad de castings, como por ejemplo, YATECASTING.
Suerte.

sábado, 20 de junio de 2015

¿Hay que buscar la originalidad hasta el punto de perder la gracia?

-¡¡Es que los cómicos siempre habláis de los mismo!!
Esa frase la hemos oído cienes y cienes de veces. Y la seguiremos oyendo. Las madres, las novias, las fiestas, el sexo… son temáticas muy trilladas. Las utilizan los veteranos y los novatos, en stand-up, cine, radio… hasta el punto de que muchos deciden cortar radicalmente, salirse del cliché, y buscar chistes donde nadie los ha buscado antes. Sin éxito.
Muchos lo han intentado (nótese que he dicho intentado), documentado concienzudamente (Wikipedia) para encontrar algo a lo que sacarle chicha. Y como no se encuentra, acabamos por conformarnos con lo que sea, forzando mucho el chiste, que termina por crear un esperpento de uno mismo que no lleva a ninguna parte.
Que yo no digo que no se pueda hacer un monólogo gracioso sobre el Bosón de Higgs o sobre la alimentación de la Garza real. Se podrá, supongo. Pero a ver quién es el guapo que lo hace.
¿Por qué? Porque los temas cotidianos, los que tanto repetimos, son con los que la gente se siente más identificada, y es donde puedes llegarle a su corazoncito, y hacerle reír. Un monólogo sobre isobaras solo funcionaria en una convención de meteorólogos. Por eso es tan difícil. No es que el chiste sea malo (con lo que te lo has currado y eso), es que la gente lo percibe como algo ajeno a él, y tiene que hacer el esfuerzo, no sólo de pillar el chiste, de ponerse en situación, de empatizar, y como tú sigues con tu retahíla, no les dejas tiempo. Con los temas cotidianos, eso le viene rodado, y sólo tiene que escuchar y reír, escuchar y aplaudir, escuchar y tirarse al suelo sujetándose la barriga.
Para ilustrar todo esto, siempre me gusta poner el ejemplo de The Big Bang Theory. Es cierto que hacen chistes sobre ciencia, y sobre cómics, y sobre otros temas no trillados, pero son muy pocos porque en realidad la serie trata sobre lo de siempre, relaciones de pareja, trabajo, amigos… De no ser así no la vería tanta gente.
Sin embargo, de vez en cuando aparece un tema nuevo, con el que la gente se siente cómoda e identificada, y que ningún cómico había tratado antes. Bien porque es un tema actual (crisis económica, whatsapp, redes sociales…), bien porque había pasado desapercibido a nuestro ojo que todo lo ve.
Y claro, en cuanto uno lo descubre, llegan los demás y lo abordan también, convirtiendo lo que era original en otro tema trillado. ¿Se puede considerar plagio? Eso lo abordaré en el siguiente post.
Ahora bien: ¿estoy diciendo con esto que no se puede ser original? ¿Estoy diciendo con esto que hay que seguir el mismo camino de siempre, no buscar nuevos senderos? En absoluto.
El problema viene en “buscar la originalidad a toda costa”. Si ves que no funciona, si ves que no lo consigues, no sigas por el mismo camino, no te empeñes en seguir esa senda. Busca otra alternativa. En un post anterior hablé sobre tirar chistes que no funcionan. Pues con los temas pasa lo mismo. Imagina una sucesión de chistes malos o que no entiendes, 15 minutos de “qué coño está diciendo este ser humano”. ¿Quieres ser original? Adelante. Pero hazlo bien.
Y, sobre todo, recuerda que la originalidad no está sólo en un tema nuevo. Original también es contar el mismo tema de siempre, desde una perspectiva que aún no ha sido abordada. O la forma de decirlo. Y para muestra, un botón:

sábado, 13 de junio de 2015

¿Un manual de comedia puede ahorrarme hacer un curso?

Ni siquiera un curso puede ahorrarte hacer otro curso. Y diréis: ¿No? Pero si ya he hecho uno, ¿por qué voy a hacer otro, si en todos dan lo mismo? Pues porque, aunque en parte tienes razón, en realidad no hay dos cursos iguales.
¿Recuerdas cuando, en el instituto, no te enterabas de nada en clase de física (sustituir por la asignatura hueso del lector), que no había manera, oyes, y tenías que apuntarte a clases de apoyo? ¿Y recuerdas como, en dichas clases, lo veías todo mucho más fácil? Pues ambos profesores daban lo mismo. Ambos profesores te explicaban los mismos temas. Ambos profesores trataban hacerte entender las mismas cosas, sólo que de distinto modo, con distinto enfoque, a su manera.
Pues con los cursos de comedia igual. A día de hoy hay una amplia oferta, y unos profesores se centran más en la configuración de los chistes, otros enfatizan en la escritura, otros en el acting… Cada uno lo da a su manera, y un alumno aplicado siempre descubrirá cosas nuevas. Y a veces ni siquiera tendrá que ver con el profesor: tu propia experiencia hará que prestes atención a unos detalles que pasaste por alto la primera vez que hiciste el curso.
Pero voy a darte la razón: para qué repetir un curso que ya has hecho. Sin embargo, ¿por qué quedarte ahí? ¿Por qué no completarte a ti mismo, hacerte más versátil, abrirte nuevas perspectivas?
Si ya has hecho un curso de stand-up, sigue adelante. Un curso de improvisación puede completar tu espectáculo con algo nuevo y original, así como servirte para poder desenvolverte en situaciones difíciles. Un curso de clown te dará más expresividad gestual. Un curso de doblaje “desmonotonizará” tu voz y te ayudará a vocalizar mejor. Un curso de locución de radio puede abrirte nuevos horizontes profesionales, un curso de interpretación es prácticamente imprescindible… Las opciones son infinitas, depende de hasta donde quieras llegar.
Y desde luego, si enbías pruevas de testo y hescrives asi, lo primero de todo es un curso de ortografía y gramática.

sábado, 6 de junio de 2015

La parábola de la caja de herramientas

A parte de las incontables novelas, Stephen King tiene un libro llamado “Mientras Escribo”, donde enseña a escribir. O mejor dicho, explica lo que él hace.
En dicho libro cuenta que, de pequeño, ayudó a su tío Oren a cambiar una mosquitera, y para ello cargó con una enorme y pesada caja de herramientas desde el garaje hasta donde estaba la ventana. Tres niveles y 50 kilos, la dichosa caja. Una vez allí, sólo necesitó un destornillador para hacer la reparación, y, al acabar, volvió a llevar la caja de herramientas a su lugar.
Steve no entendía por qué hizo ese esfuerzo cuando podía haber cogido únicamente el destornillador que iba a utilizar. La explicación que su tío le dio fue que no sabría qué herramientas, ni cuantas, iba a necesitar para la reparación hasta que no se pusiera a ello, y que prefería llevar todas las herramientas para tenerlas a mano en caso de necesitarlas, que no estar yendo al garaje cada vez que necesitase una distinta, o dejar el trabajo a medio.
Esta enseñanza la aplica a sus novelas de terror, de la misma forma que nosotros podemos aplicarla a la comedia.
Son muchas las herramientas, los trucos, las técnicas a tener en cuenta, y hay que tenerlas todas presentes para saber cual aplicar en cada momento para obtener el mejor resultado. Todas presentes y claras. Saber cómo son y cómo se utilizan. Y tenerlo todo en la mente. Si tienes que consultar apuntes, notas o ejemplos, estás desviando tu atención de la comedia en sí, mermando su calidad, así como también llevando mucho más tiempo.
Del mismo modo que tienes que ser fuerte para cargar con la pesada caja de herramientas, tú también tienes que ejercitarte para poder cargar con todas las herramientas cómicas cada vez que te pongas a escribir, y mucho más aún para improvisar.