Sí. Todo el mundo puede ser cómico. Pero lo digo con doble sentido: uno, que todo el mundo puede, si quiere, le gusta, es su vocación, y todo lo demás, llegar a ser un profesional de la comedia, de la misma forma que todo el mundo puede ser dentista, mecánico o barrendero. Y, dos, que debido a que no es necesario ningún requisito para adentrarse en este mundo, TODO EL MUNDO puede meterse en esto sin criterio ninguno, jodiendo a los que de verdad vivimos de esto. Me explico.
He visto a cientos de personas que, porque un amigo o familiar le ha dicho la famosa frase “¡¡tú podrías hacer monólogos!!”, esa persona, de repente, encontrar su vocación, qué hacer con su vida. He visto cientos de personas que, como no valen para nada y de algo hay que trabajar, ocurrírsele la brillante idea de subirse a un escenario. Esta toma de decisión no es el problema, todo el mundo elige en algún momento “qué ser de mayor”. El problema está en que, desde que se toma esa decisión, hasta que esa persona se convierte en cómico “profesional”, pasan nanosegundos. Así, pam, del dicho al hecho, instantáneo, ipso facto, al momento.
Digo cientos, y no estoy exagerando. A mi e-mail llegan cientos de correos de personas que, tras levantarse una mañana habiendo recibido la revelación que le hará “rico y famoso”, enciende el ordenador, se pone a escribir, y al cuarto de hora ya tiene, a su parecer, un monólogo buenísimo. Monólogo que me mandan, para que le eche un vistazo. A veces hasta se graban en video en el salón de su casa, o con la webcam, y me lo mandan también. Y esos monólogos siempre son, y perdonen si ofendo a alguien, una puta mierda.
De esos, pocos son los que de verdad se lo toman en serio, los que de verdad serán cómicos profesionales algún día. El resto son gente que cree que esto es un trabajo fácil, que basta con ponerse un día a escribir, y el resto del tiempo a tocarse las gónadas.
Imagina que tu vecino, el gilipollas del cuarto, dijera un día: quiero ser cirujano. Y con las mismas, se va al hospital, se mete en el quirófano, coge un bisturí y se pone a cirujanear.
-¡Oiga! ¡¿Qué hace?! –le preguntan.
-Soy cirujano –responde.
Pues eso es lo que pasa en la comedia. Ahora todo el mundo es cómico, humorista, monologuista, pero sin formación alguna. Ojala el ministerio de educación metiera mano y creara una carrera universitaria, un módulo, FP, cursos del INEM, lo que sea, y se obtuviera un título oficial. Título sin el cual, no podrías trabajar. Mientras tanto, hay manuales, en inglés y en español, de stand-up, de guión y de todo lo que quieras. Muchos son los cursos donde te enseñan los entresijos para que puedas dedicarte a esto en condiciones, impartidos por los profesionales con más solera en España. En resumen, la información está ahí, para quien quiera cogerla. Estudia, fórmate y trabaja duro. Este trabajo es gratificante, pero no un camino de rosas.
Es más. El problema no está en que todo el mundo pueda ser cómico. El problema reside en que quien contrata no exige nada al supuesto cómico. Sólo que sea barato.
Si el local contratador, o la empresa que lleva la programación, exigiera algún documento que demuestre la calidad del cómico en cuestión, se acabaría toda esta patraña, intrusismo profesional, que sólo da lugar a que los profesionales de verdad se vean obligados a cobrar menos y a perder trabajos en pos de “cómicos” más baratos, que acaban cagándola, obligando al dueño del local a dejar de hacer monólogos, cerrándole las puertas a los cómicos de verdad que podían haber actuado allí.
Un certificado. Sólo pido eso…
(by Antonio Castejo)




